Del expositor del supermercado, al carro de la compra; del carro de la compra, a la cinta transportadora de la caja; de la cinta transportadora de la caja, a las manos de la cajera; de las manos de la cajera, al cajón de embolsado; del cajón de embolsado, a la bolsa; de la bolsa, al carro; del carro, al coche; del coche, a la despensa; de la despensa, al poyo de la cocina; del poyo de la cocina, al bote del café; del bote del café, a la cafetera…
Y, con toda seguridad, la cantidad de velas que ha sufrido el café desde el supermercado a mi taza, es una cantidad mínima comparada con la de las que ha soportado anteriormente: de la mata, al cesto; del cesto, al saco; del saco, al tractor; del tractor, al lavadero; del lavadero, al secadero (ahí es donde le dan más velas, según tengo entendido); del secadero, al saco; del saco, al almacén; del almacén, al camión; del camión, al almacén del puerto, del almacén del puerto, al muelle; del muelle, a la grúa; de la grúa, a la bodega del buque (esperemos que no sea un buque de vela); del buque, a…
Esta noche el café se está vengando
en mi incauta inocencia:
me he tomado dos tazas
y ando desvelado y dando velas,
¡qué noche tan nefasta!,
cuando el alba se acerca.
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