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Cumplimos años

Esta mañana festiva, cuando yo llegaba en mi paseo a la cornisa de San García, salía el sol: emergía enorme, rojo y magnífico. Y la silente maravilla del sol naciente me ha hecho recordar el motivo de la fiesta de hoy: el nacimiento de la Constitución del 78. Yo nací también entonces, unos días más tarde; o, mejor dicho, volví a nacer. Tenía yo entonces 27 años y andaba bastante perdido. Me había abandonado un trabajo, yo había dejado otro… Me buscaba dentro de mi piel y no me encontraba; y veía ante mí un horizonte bastante oscuro. Estaba viviendo en Madrid, donde nació la Constitución. Y donde, algunos días después, tuve yo mi segundo nacimiento: una toma de conciencia freudiana, una caída del caballo sauliana, una revelación-revolución. Me encontré, me hice uno con mi destino. Hechos como éste propician que algunas personas hayamos tenido la sensación de estar viviendo nuestra pequeña historia personal en consonancia con la gran historia de nuestro país, lo cual no es mala cosa, ni tampoco extraña, puesto que todos formamos parte del todo.

También Certe patet llega a su primer cumpleaños. Como pueden ver ustedes, el día 10 de diciembre de 2006 lo inauguré editando un soneto que se titula como el blog.

El futuro de Certe patet, el de su casi anónimo autor y el de la Constitución Española de 1978 no los conoce nadie. Pero hoy los tres estamos vivos.

Y pensando en todo esto he llegado a la cima del monte, donde el sol, ya alto, me ha deslumbrado de pronto como los faros de un coche. Y he vuelto a mirar la Bahía, yacente en sus brumas, que sólo dejaban asomar la cumbre del monte Abila, al otro lado del Estrecho. Pero en tanto cielo como me rodeaba, Dios estaba azul.

A Atenea

Oh diosa odiosa, que rendidos ves

a tus profanadores a tus plantas,

esperando el tortazo de tus santas

manos, o la patada de tus pies.

No nos mires, oh diosa, de través,

pues, aunque odiosa, oh diosa, nos encantas;

y de tu mano y pie aguardamos tantas

gracias,

que torta de tu mano gracia es

y gracia la patada que nos des.

Caídos en el vicio de creernos

sabios, bellos, divinos, inmortales,

lugar hemos ganado en los infiernos.

Mas tú nos librarás de nuestros males

si haces crecer en nuestra testa cuernos

y nos mandas a arar por los eriales.

Alarma educativa

Le copio el título al editorial de El País de ayer. Léanlo ustedes, y si no lo tienen a mano, háganmelo saber por un e-mail y yo se lo mando. Ha sonado la alarma educativa, pero pocos la oyen. Y el Gobierno la niega. Sé que no es una frase académica, pero describe muy bien la realidad presente: “vamos de culo y cuesta abajo”. ¿Qué ha pasado? Que hemos engordado el ego de la generación del futuro a costa de su inteligencia. ¡Menuda vejez nos espera si no morimos en el intento de alcanzarla!