FEDERICO JIMENEZ LOSANTOS
Hoy, en El Mundo.
Soraya como criatura ofrece un candor en la mirada estudiantil y ojiplática que complacerá el atavismo protector de los hombres, pero que convencerá algo menos a las mujeres por un detalle de su lenguaje corporal: el bailoteo de las manos para subrayar las frases hechas, casi recitadas de memoria. Ellos, tras el revoloteo de los dedos, apreciarán los bracitos redondos, muelles, porque toda ella parece curva, muelle y blandita, como si le valiera la definición de Platero por Juan Ramón: «Es pequeño, peludo, suave, tan blando por fuera que diríase de algodón, que no tiene huesos». Ellas, sin embargo, constatarán que en todos los dedos tiene falanges, falanginas y falangetas, o sea, que le gusta el poder más que los hombres y observarán un respeto relativamente compasivo. Ellos seguirán sin enterarse de nada, porque a veces son ellos y no ellas los que no se quieren enterar, pero… pero. A pesar de todos los signos favorables, el destino sorayesco es incierto. La razón es que ha tomado la alternativa en Las Ventas y esa plaza trata bien a los toreros pobres y hasta les regala orejas para fastidiar a las figuras; pero, ah, cuando el pobre llega a figura, adiós contemplaciones: «¡Mucho toro!», gritan en la andanada, para decir que hay poco torero. En la grada, esperan los damnificados del minitsunami del PP, un centón. Y Esperanza Aguirre ha contratado para el 2 de Mayo a José Tomás.
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