Estos días recientes he vivido una experiencia que me ha venido acompañando en mis pesadillas a lo largo de la última década: la agonía de mi madre. No ha sido tan atroz en la vida real como en los sueños; quizá porque en los sueños yo compartía su agonía, mientras que, despierto, sólo acompañaba a la agonizante.
Es probable que mi madre, casi nonagenaria, le saque un nuevo plazo a su acreedora; porque siempre mi madre ha gozado de una salud de animal salvaje; y sigue defendiéndose, con ciegas e inofensivas cornadas, ante todo lo que le huela a intento de sacarla de su madriguera.
La vida se aferra a la vida; a veces con una fuerza que hasta la muerte se conmueve.
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En momentos como estos sólo cabe sacar fuerzas de donde cada vez hay menos y acompañar a la agonizante. Ánimo pues, amigo Antonio.
Me conmueve este párrafo tuyo, porque esa acreedora de la que hablas ya va haciendo acto de presencia en mi entorno.
Te mando un abrazo muy fuerte, especialmente hoy