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‘Inadecuado’

Ayer escribí unos versillos (no una décima, gracias a Dios) y les puse ese título: “Inadecuado”. Hoy, en lugar de copiar aquí esos versos, me voy a dedicar a contemplar esa palabra durante un rato. Algo que no hace una persona normal, pero sí un filólogo de corazón. Y, mientras la miro, me digo:

He aquí una palabra compleja, con muchos significados unidos para formarla…

Aunque con muchos más fonemas (o letras) que significados. Contiene las cinco vocales de nuestro alfabeto: la a, como reina de las vocales por ser la más sonora, aparece repetida. Repetida sí, pero no con la misma sonoridad: la primera aparece en sílaba átona, mientras la segunda enseñorea la sílaba tónica.

De las consonantes, sólo contiene tres, aunque la d también aparece repe. ¿Decimos algo más sobre esas consonantes? Digamos que la c (así su símbolo en cuanto es un fonema: /k/) se diferencia de las otras dos, la n y la d en algo importante: la c es sorda; lo que quiere decir que no vibran mis cuerdas vocales cuando la pronuncio; mientras que las otras dos consonantes (así como todas las vocales) hacen vibrar mis cuerdas.

Dejemos ya de hablar de sonidos y de letras. Pasemos a la Gramática. Y tendremos que decir que estamos ante un adjetivo de forma variable, pues admite variaciones de género y de número.

Si el diccionario hubiera acogido el verbo *inadecuar, podríamos considerarla el participio de ese verbo, pero no ha sido así (echémosles la culpa a los hablantes, no al diccionario).

Volviendo al principio. Decíamos que es una palabra a cuya formación han contribuido no pocos significados adheridos, significados que los lingüistas llaman monemas, porque no constituyen palabra por sí mismos. Vamos a verlos.

IN. Es un prefijo que significa negación. Inadecuado es no adecuado, como insolvente es no solvente.

-AD-. También es un prefijo, aunque aquí ha quedado en segunda posición: por esa facilidad que tienen los prefijos para juntarse y sumar sus significados. Pensemos que los mecanismos de formación de palabras de la lengua española me permiten formar superinadecuado, en la cual el prefijo ad- ha quedado relegado a la tercera posición. Pero bueno, ¿qué significa ad-, si puede saberse? Lo diremos con las mismas palabras del Diccionario de la Lengua Española (DLE) de las Academias: “Indica dirección, tendencia, proximidad, contacto, encarecimiento”. Y en nuestra palabra dichosa, ¿con cuál nos quedamos? Yo diría que todos nos valen menos el último, como veremos en seguida, al comentar el siguiente monema.

-ECU-. Es un monema que se ha mantenido muy próximo a su origen latino (un cultismo). Significa igual. Así una ECUación es una igualación. ECU = igu. Formas culta y patrimonial, coloquial, igualadas (en lo básico) por el significado. Como todos conocemos los significados de adecuar y de igualar, seguimos.

-ADO. Aquí no tenemos un solo monema sino tres, uno por cada letra. Pero, por si algún incauto ha cometido la imprudencia de seguir leyendo hasta aquí, abreviamos: se lo merece. Pensemos en el participio/adjetivo del que procede, por derivación, nuestra palabra: adecuado. Donde a informa sobre la conjugación verbal (primera conjugación); d, acerca de la forma verbal (participio); y o, sobre el género gramatical (masculino)

Y hemos terminado el juego (no sé hasta qué punto inocente) de la contemplación del adjetivo inadecuado. Un juego inadecuado para alumnos de secundaria, como expresaba, con mucha gracia, mi alumna Laura (2º de Bachillerato), hace ya algunos años: “No sé lo que significan las palabras enteras, voy a saber lo que significan a cachos”.

El último bastión

https://elpais.com/elpais/2017/12/29/eps/1514561320_916056.html

 

Buena peli

La televisión para pobres, la que emite en abierto, está más bien asquerosita, por decirlo suavemente. Tanto la pública como la privada. No obstante, de vez en cuando nos presenta algo bueno; como lo de anoche en la 2 de Televisión Española: la película danesa Un asunto real.

Era el día en que los niños españoles abrían, o rompían, los primorosos envoltorios de los regalos que les habían dejado los Reyes Magos. Y el día en que la España adulta podía ver a la familia real de esta nación celebrando la Pascual Militar; con dos reyes en escena, el actual y el retirado. Creo que no hay familia española que reciba más atentas, escrutadoras miradas. Lo cual es lógico, aunque no envidiable. Con lo cómodo que es pasar desapercibido, “ni envidiado ni envidioso”.

Estaba bien, por tanto, que los mayores completáramos la jornada de Reyes viendo esta peli danesa de 2012. Una película buena de verdad, basada en hechos históricos de Dinamarca, y de Europa, en el siglo XVIII.

El buen cine histórico nos ofrece esa posibilidad de meternos, como diablos cojuelos, en las estancias privadas de reyes y magnates, de ver su vida más íntima, sus miserias y grandezas de alma. Y las vidas de los que viven próximos a ellos. Las disfrutan, sí, pero en una posición de difícil equilibrio: cualquier azar puede cambiar las tornas, y se convierten en un obstáculo para los poderosos.

Quizá la lección de Historia es siempre la misma: los que tienen los privilegios, en una sociedad basada en la desigualdad, no se van a desprender de ellos por las buenas, porque queden convencidos con argumentos filosóficos o humanitarios. Aunque también en esto, como en todo en la vida (menos en el hecho de que todos morimos) hay excepciones.