• Páginas

  • Archivos

  • enero 2019
    L M X J V S D
     123456
    78910111213
    14151617181920
    21222324252627
    28293031  

Microética

Si has empezado a leer estas líneas, doy por sentado que antes has leído la tribuna de El Mundo que enlacé aquí ayer, “Deterioro del Estado en España”. Si no la has leído, ve a ella; y después vuelve a estas líneas si te quedan ganas.

España ha mejorado enormemente, con respecto a lo anterior, en la etapa democrática, a partir de la vigencia de la Constitución del 78. Pero, con los medios disponibles, podría haber mejorado mucho más: en educación, en empleo, en cohesión nacional, en calidad democrática, en apertura al mundo exterior.

¿Qué ha fallado? Ha fallado la ética personal, lo que Antonio Muñoz Molina llamó la microética.

La moral del nacional-catolicismo era una moral viciada por el afán de dominio, tanto de los curas como de la dictadura, las obsesiones dogmáticas, los mitos nacionalistas, los prejuicios sociales y morales, la cerrazón a las culturas y modos de vida de otros países, la ignorancia generalizada.

Pero falló la implantación de una moral democrática, con derechos y deberes fundamentales claramente definidos y exigidos.

Desde el poder político se empezó a velar (cubrir con velo), demagógicamente, el tema de los deberes cívicos, para poner el foco únicamente en los derechos.

Así, en la familia, en la escuela, en la universidad, en la empresa pública o privada, se fue imponiendo una moral hedonista, según la cual lo importante es la felicidad, de cada uno y en cada momento, el carpe diem en el sentido más infantil e irresponsable.

Así creamos una sociedad no “del bienestar”, sino “del pasarlo bien”. Había que pasarlo bien en casa, , en el cole, en el instituto, en el trabajo y, cómo no, en la fiesta.

Así llegamos a tener una generación de jóvenes que, después de una docena de años de escolarización, apenas sabían leer y escribir en el propio idioma, y menos aún, lógicamente, en un idioma extranjero (con muchas y honrosas excepciones, claro que sí).

Así llegamos a tener un preocupante absentismo laboral a la vez que un alarmante desempleo y una obscena voracidad empresarial.

Así llegamos a tener unos partidos políticos convertidos en agencias de colocación para sus militantes.

Así llegamos a carecer de una cohesión nacional, cultural, idiomática, europea… Porque Europa estaba bien mientras era una vaca que ordeñar, no una vaca a la que había que cuidar y alimentar.

Volvamos a la base: a una moral ciudadana que nos tomemos en serio, aunque ello, en un principio al menos, nos suponga vivir una vida mucho menos acomodada.

Deterioro del Estado en España

http://www.elmundo.es/opinion/2019/01/10/5c35e2a221efa0196a8b4646.html

Geópolis

Recuerdo una conversación de hace cuarenta años o poco menos. Coincidimos en el autobús, bajando a Granada, el alcalde de este pueblo y yo. Aquel alcalde, Severiano, era el primer alcalde elegido democráticamente, tras el franquismo y la transición.

Después de oír alguna sugerencia mía, recuerdo que me respondió: “Ahora, por lo pronto, vamos a quitar el barro de las calles”.

Efectivamente, la mayoría de las calles, si no todas, estaban sin asfaltar, y eran barrizales en invierno y terrizales en verano.

El agua corriente y los desagües, con mucha demora respecto a todos los pueblos del entorno, ya habían sido instalados. El lógico siguiente paso era el que se proponía Severiano, para convertir lo que era una aldea terruñera, por más cerca que estuviera de su capital de provincia, en una ciudad.

La transformación de este pueblo era la misma que estaba experimentado todo el país, pasando de la vida rural a la urbana.

Ya todo núcleo poblacional, grande o pequeño, o tiene los acomodos de la vida urbana, o es un campamento y, por tanto, provisional.

Acomodos que afectan no solo al suelo sino también al subsuelo y al aire. Sector este último en el que mejor apreciamos el absurdo de las fronteras, la realidad de la que formamos parte: no una “aldea global”, por más que se haya extendido el uso de tal expresión, sino una ciudad global, una Geópolis. Que ya mira con atención, calibrando potencialidades, otro sector de influencia: el espacio exterior.