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Mi bahía

Ay, Bahía de Algeciras,
cómo te añoro si estoy
lejos de ti. Pero hoy
yo te miro, tú me miras
y las penas y las iras
se las lleva tu poniente;
o tu levante. Mi mente
necesita de tus vientos,
sonrientes o violentos,
para ser tranquila fuente.

Servicio nacional

Las democracias liberales contemporáneas no exigen mucho a cambio de la protección estatal de los derechos de sus ciudadanos y, en particular, del derecho al voto. El sentido de comunidad nacional se vería fortalecido con el requisito universal del servicio nacional. Tal mandato subrayaría el hecho de que el mantenimiento de la ciudadanía requiere compromiso y sacrificio. Podría cumplirse sirviendo tanto en el ejército como en alguna actividad civil. Dicho requisito está presente en el juramento de naturalización estadounidense, que impone la voluntad de portar armas en nombre del país o de trabajar en un servicio civil como exige la ley. Si dicho servicio estuviera correctamente diseñado, obligaría a los jóvenes a trabajar con otros de clases sociales, regiones, razas y etnias muy diferentes, tal como lo hace el servicio militar. Y, como todas las formas de sacrificio compartido, sería una manera efectiva de integrar a los recién llegados en la cultura nacional. El servicio nacional constituiría una forma de republicanismo clásico, una forma de democracia que fomentaría la virtud y el espíritu público en vez de limitarse a dejar que los ciudadanos se interesaran exclusivamente por su vida privada.

 

Francis Fukuyama, Identidad

Capítulo 14. ¿Qué hacer?

Traducción de Antonio García Maldonado

Planeta, Barcelona 2019. Edición digital.

Relectura

Aunque algunas personas de mi entorno quizá lo duden, yo también vivo en el siglo XXI, y manejo mucho el móvil (leo mucho en el móvil), veo series en Netflix, y me mantengo al margen de polémicas políticas que considero estériles.

Mi vocación, una vez que fui perdiendo mi aura de niño salvaje, fue la lectura, y mi profesión preferida, la de profe de instituto, asignatura Lengua y Literatura.

El libro al que más horas he dedicado en mi vida ha sido sin duda Don Quijote, el de Cervantes. No solo lo he releído muchas veces, sino que también leí muchos cientos de páginas de análisis de la magna obra.

Ahora –en este tiempo presente en el que quizás no leo menos pero me disperso más en mis lecturas– ando releyendo unos libros a los que, en alguna de estas entradas del blog, he llamado “la Biblia del siglo XXI”. Me refiero a los libros de Harari: De animales a dioses, Homo Deus y 21 lecciones para el siglo XXI.

Cualquier aficionado lector sabe que hacer sólo una lectura de los libros que de verdad enganchan, entusiasman, divierten, enseñan, ilusionan, es un penoso alejarse de la fuente cuando aún se tiene sed.

Querido lector, espero que hayas aprendido a ser relector. Si no ha sido así, aprovecha este mes de mayo, tan hermoso en tantos lugares, para empezar a practicar la relectura. Aunque a alguien de tu entorno le parezcas estancado en el pasado.