• Páginas

  • Archivos

  • marzo 2020
    L M X J V S D
     1
    2345678
    9101112131415
    16171819202122
    23242526272829
    3031  

Cesar a César

A César, el adivino,
insistente, le decía:
«Ay César, la profecía
me canta que el asesino
afilando está el hocino
para los virus de marzo».
Y César, cuerpo de cuarzo,
al adivino responde:
«El asesino se esconde,
pero lo ve mi ojo garzo».

El arranque de un libro

Introducción

Imaginemos un mundo sin instituciones. Es un mundo en el que las fronteras entre países parecen haberse disuelto, dejando un único paisaje infinito por donde la gente viaja buscando comunidades que ya no existen. No hay gobiernos, ni a nivel nacional ni tan siquiera local. No hay escuelas ni universidades, ni bibliotecas ni archivos, ni acceso a ningún tipo de información. No hay cines ni teatros, ni desde luego televisión. La radio funciona de vez en cuando, pero la señal es remota, y casi siempre en una lengua extranjera. Nadie ha visto un periódico durante semanas. No hay trenes ni vehículos a motor, teléfonos ni telegramas, oficina de correos, comunicación de ningún tipo excepto la que se transmite a través del boca a boca.

No hay bancos, pero no constituye una gran adversidad porque el dinero ya no tiene ningún valor. No hay tiendas, porque nadie tiene nada que vender. Aquí nada se produce: las grandes fábricas y negocios que solía haber han sido destruidos o desmantelados como lo ha sido la mayoría de los edificios. No hay herramientas, guardad lo que se pueda extraer de los escombros. No hay comida.

La ley y el orden prácticamente no existen, porque no hay fuerzas policiales ni judiciales. en algunas zonas ya no parece haber un claro sentido de lo que está bien y lo que está mal. La gente coge lo que quiere sin tener en cuenta a quién pertenece –de hecho, el sentido de la propiedad en sí ha desaparecido en gran medida. Los bienes sólo pertenecen a aquellos lo bastante robustos para aferrarse a ellos y a los que están dispuestos a defenderlos con su vida. Hombres armados deambulan por las calles, cogiendo lo que quieren y amenazando a cualquiera que se interponga en su camino. Mujeres de todas las clases y edades se prostituyen a cambio de comida y protección. No hay vergüenza. No hay moralidad. Sólo la supervivencia.

KEITH LOWE, Continente salvaje

Europa después de la Segunda Guerra Mundial

Traducción de Irene Cifuentes

Ed. Galaxia Gutenberg – Círculo de Lectores

Barcelona, 2012

Historiadores

No todo va a ser hablar –o escribir– acerca del coronavirus, o padecer su veneno. Venceremos al virus, y la solidaridad y cooperación a nivel mundial saldrán reforzadas.

Ahora lo que quiero es hacer una explicación de la explicación que fue mi entrada sobre El infinito en un junco, de Irene vallejo.

Mencionaba uno ahí a tres historiadores –Harari, Ferguson, Vallejo– cuya lectura le ha resultado de gran impacto: por su preparación, su capacidad de comunicación y por su honestidad y sencillez personal.

Esta tercera cualidad, aunque parezca que tiene poco que ver con el trabajo del historiador, es fundamental. Porque no es lo mismo que el autor parta de una posición ideológica, o política, muy definida, que si investiga y escribe desde su honesta, y humilde, perspectiva personal, siempre abierta a una posible modificación, a partir de los datos que va encontrando.

Es decir, un historiador es un intelectual independiente –valga la redundancia–, no está sometido a una escuela, a un partido político, a una ideología, a una teoría, a una religión.

Y el lector lo ve venir, presentarse con su bagaje de información, con su sensibilidad personal, su íntimo interés por esclarecer el pasado, su manera de contar y de escribir.

Si se suele decir, en literatura, que el ensayo es el hombre, por lo personal que es este género, una monografía histórica será un ensayo histórico o será un mamotreto de los que se hojean, se colocan en la estantería y se olvidan.

Un historiador no es un pontífice –y menos un acólito– de ninguna religión o poder, es un hombre –o una mujer– que ha investigado unos temas del pasado, y los expone desde su personalidad y perspectiva, y escribe con plena conciencia de que otros historiadores podrán venir después con otros datos y otra visión de ese pasado. Y así avanza el mundo.