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Inteligencia Vs torpeza

Desde siempre (Sócrates: «soy ciudadano del mundo») la inteligencia humana ha tendido a comunicarse, abrir caminos, construir puentes, borrar fronteras.

La torpeza humana ha preferido siempre lo contrario: cerrar pasos, recelar del forastero, mirarse el propio ombligo y cantar sus excelencias.

«Bajo» mi punto de vista

Desde la etapa de la Transición, se han cometido algunos importantes errores, pero han sido más los aciertos. Y los resultados están a la vista: España es hoy un país moderno, democrático, desarrollado e integrado en la Unión Europea.

Entre los errores, yo, como profe de Lengua, aunque ya jubilado, destaco uno: no haber sido escrupulosos en lo que se refiere al uso de las dos lenguas en las tres comunidades bilingües: lenguas rigurosamente cooficiales en todo lo oficial, rigurosamente igual de disponibles en todo lo particular.

Y serás de tu móvil

Probablemente el fenómeno social más extendido en la última década, al menos en los países desarrollados —a los que el resto de la humanidad se incorpora a pasos de gigante—, el fenómeno más extendido, decimos, ha sido el del uso constante del teléfono móvil o smartphone, que todo el mundo lleva en el bolsillo cuando no en la mano, y usa constantemente.

Es un fenómeno que uno explica en consonancia con otros usos y hábitos anteriores, todos sintomáticos de la preferencia que sentimos por observar las imágenes de la realidad, en lugar de observar directamente la realidad misma (tendencia al autoengaño, en definitiva). Es lo que hacía la humanidad de la caverna platónica, la humanidad de la caverna burocrática, la comunidad de la caverna artística y aquella zorra, tan humana, de Kahlil Gibran, que para saber cuánta hambre tenía no se prestaba atención a sí misma, sino que miraba su sombra.

Tras las gustosas horas dedicadas a la lectura de Harari (De animales a dioses y Homo Deus), tiendo a interpretar este hábito humano del móvil, tan generalizado, como nuestra adecuación a la nueva religión que ya se impone, la del dataísmo.

Después de las religiones teístas, vinieron las «religiones de la ley natural nuevas como el liberalismo, el comunismo, el capitalismo, el nacionalismo y el nazismo»; de alguna de las cuales —o de varias— nos hemos sentido fieles adeptos.

Los ahora en constante contacto con el artilugio moderno del móvil somos como los antiguos devotos del escapulario en el pecho o la estampita de la Divina Pastora en la cartera; somos devotos de la nueva religión: el dataísmo.

¿Cuál es el futuro que nos espera? El móvil se irá perfeccionando, tendrá acceso a una infinita cantidad de datos, no sólo sobre el mundo sino también sobre nosotros mismos, que iremos cediendo nuestra propia autonomía a nuestro móvil, hasta quedar convertidos en meros utensilios en manos de éste, que nos manejará sin limitaciones; y habremos dejado de pertenecer a la especie Homo sapiens.