• Páginas

  • Archivos

  • abril 2026
    L M X J V S D
     12345
    6789101112
    13141516171819
    20212223242526
    27282930  

E-reader, un gran invento

Cualquiera que se asome a estas entradas de Certe patet, aunque no me conozca personalmente, deduce enseguida que soy aficionado a la lectura.

La cual practico no tanto como deseo. Otros impedimentos aparte, he entrado en esa etapa de la vida en la que la vista se pone torpe, la memoria merma un montón, y cada dos por tres aflora un achaque de salud nuevo, una parte del cuerpo que reclama atención preferencial.

Bueno. Pues mi vieja afición a la lectura se ha visto desde hace pocos días gratificada con el regalo de un Kindle. Algún amigo, más atento que yo a los nuevos artilugios de la tecnología, me ha estado largamente animando para que me lo mercara; y yo me resistía porque siempre tenía un libro de papel entre manos, y unos cuantos más esperando su turno.

Pero por fin me he decidido, y estoy encantado. El aparato en sí, una maravilla; la funda, convertible en atril, está a la misma altura; y la descarga de libros, un prodigio de inmediatez.

Lo he estrenado con la lectura -no relectura- de Guerra y paz, de Tolstói. Razón de la elección: el artículo que en El País del domingo 23 de agosto, le dedicó a este libro Vargas Llosa. Así que doble gozada: Kindle y Guerra y paz.

Cuánto ha cambiado este país -y el mundo entero- desde que «un servidor» aprendía a leer en la «escuela chica» de Gójar, con la estupenda maestra doña Asunción y con el pío libro Hemos visto al Señor. Y entre tantos cambios, la aparición del e-reader, qué gran invento.

Sensibilidad artística

Entre tener alguna sensibilidad artística y ser un artista hay una diferencia abismal. Sensibilidad, incluso habilidad, artística cualquiera la tiene: en la danza, en la literatura, en el dibujo.

Ser un artista consiste en afrontar esa propia disposición para el arte que se siente que se tiene y hacer de ella el norte y el objeto ineludible de la vida. Y todo lo demás, amigos, amores, familia, va quedando orillado en el camino hacia ese objetivo: la obra merecedora de permanecer incólume ante los derrumbes que produce el tiempo.

Creo que pocos artistas eligen ese duro camino premeditadamente. No sé si todos lo eligen voluntariamente. El azar juega un papel importante en la vida de cualquiera, también en la de un artista.

Los que, sin ser artistas, estamos provistos de sensibilidad artística, de afición, que somos casi todos los demás, también cumplimos una función fundamental para que exista y se desarrolle el arte. ¡Qué es un novelista sin lectores, un actor sin espectadores!

Dicho lo cual, opinaremos que el arte en la vida social no es sino la guinda en el pastel, el lazo en la cinta que sujeta el envoltorio, el pendiente en la oreja.

Si no sabemos apreciar, admirar, sentir la labor del empleado de la limpieza pública, del jardinero, del camarero, del albañil, del dependiente, del mecánico, del conductor, del ingeniero… es imposible que tengamos sensibilidad para disfrutar de un concierto dirigido, pongamos por caso, por Pablo Heras Casado.

Soy de los que piensan

No soy de «los que pienso» ni soy de «los que piensa». Y ello es así por una actitud de respeto. ¿Respeto a qué o a quién? A la gramática de la lengua española.

Ya sé que corren malos tiempos para las sutilezas lingüísticas, y que ponerse a diferenciar un que como pronombre relativo de otros ques de nuestra nutrida queología, es ocupación de desocupados; o de profesores universitarios que pueden dedicar parte de su tiempo al ocio filológico.

Ya sé también que los cambios lingüísticos se aceleran en tiempos de ignorancia, o sea, de poco estudio, de poca atención respetuosa a quienes sí la merecen.

Ya sé, finalmente, que lo que hoy nos parece una incorrección, mañana a otros les puede parecer totalmente normal, es decir, atenido a la norma.

No obstante, insisto: soy de los que piensan, no de los que pienso ni de los que piensa.

Y lo digo ahora porque hoy, domingo, en dos interesantes y recomendables páginas periodísticas, aparecen sendas frases portadoras de la misma aberración gramatical (tan reiterada ya, que no va a haber más remedio que darla por buena):

No sé por qué pero imagino que es de esos que come cuscús.

Emilia Landaluce, RAÜL ROMEVA. El político que traicionó a su amigo para ser icono soberanista. EL MUNDO.

La escritora confesaba minutos antes de la cita, que tuvo lugar en el Palacio de Quintanar, que es de esas que necesita una estricta organización de trabajo para elaborar sus obras.

Patricia Peiro, María Dueñas: «Me interesan los entornos y los personajes en movimiento». EL PAÍS.

¿Y esto es importante? Sí. Hay que ser honrado también con la calderilla. De lo contrario, puede que, si se nos presenta la oportunidad de no serlo con los billetes de quinientos euros, nos permitamos no serlo.