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Desgargolado

La gente de ciudad, por ejemplo mis hijas, no conocen más significado de la palabra gárgola que esas cabezas de horripilantes monstruos que se asoman en las esquinas de las cubiertas catedralicias, por donde tales evacuan el agua de la lluvia. Pero gárgola es también la cápsula o vaina de algunas semillas, lino, guisantes, cáñamo. Y desgargolar es sacar la semilla de la gárgola. Y así como llamamos desquiciado a alguien salido de su quicio (como si fuera una puerta, o en su estructura poseyera una puerta principal que ha sido arrancada de sus goznes), en mi pueblo llaman eggargolao a alguien que va sin rumbo, sin norte, desnortado, por la vida.

Lo que ocurre es que toda semilla engargolada tiene, en buena lógica, que verse un día desgargolada, para cumplir su misión en el ciclo de la vida. Y en la vida humana, por sernos la más próxima, esto no lo comprendemos muy bien, porque sólo con mucha dificultad llegamos a objetivarlo. Por ello tendemos a decir de un joven que empieza a actuar por su cuenta, desembarazado de parámetros maternos, exclaustrado de su vaina (doblete vagina), que está desgargolado.

Para leer, esta Semana Santa…

Llévate una greguería de Ramón.

Las greguerías son frases con nata.

Llévate una volatería de Baltanás.

Las volaterías son fresas con alas.

Llévate una brevería de Hidalgo.

Las breverías son brevas muduras.

Llévate un aforismo de García Martín.

Los aforismos son afuerismos íntimos.

Llévate una trilogía

(Madre, Esposa, Hija).

Pero no te lleves una novela de ochocientas páginas,

que te puede doler la maleta.

Beben agua

A Juan Carlos Ragel Ramos

Veo a mis colegas en los interregnos de tres minutos, pero no puedo compartir un comentario con ellos. Yo me tomo la molestia de decirles una frase animosa, “ya queda menos” por ejemplo, y ellos me contestan con una caída de ojos. Porque andan morreando su botella de agua con la misma delectación con que Armstrong morreaba su trompeta.

En el interregno de tres minutos beben agua para aguantar y no liarse a guantazos… con la fotografía del Ministro del Ramo.

Por supuesto que las criaturas no tienen culpa ninguna. Y menos aún sus progenitores.