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Blogman

El blogman frunció el ceño:

–Yo que tú no lo haría, forastero.

Pero el forastero era sordo, o tonto, o simplemente forastero. Quiso decir, llevándose la diestra a la cintura: “este hocino es mío” (o “este hocico es mío” –no ha quedado clara la trascripción del pensamiento–). Solo pudo decir:

–Este hoz…

El blogman había sacado su entrada, y había hecho blanco en el negro corazón del forastero.

Una hora antes

Todo el mundo sabe que cuando se emite en directo, para todos los territorios de la nación más el orbi y la urbi, uno de los bellos discursos del Presidente Joseluís acerca de lo bien que vamos a superar la crisis económica los españoles, porque estamos en la liga de los campeones (los de la oposición, por fastidiar, dicen que nuestra liga es sólo de peones, o de capones, o de copones, pero no de campeones), todo el mundo sabe, repito, que esos sublimes más que bellos discursos llegan a la millonaria audiencia (quién habló de crisis: audiencia millonaria) simultáneamente, lo que significa, aclaremos para lectores de ESO y de POSTESO, al mismo tiempo. ¡Ah…! Todo el mundo no lo sabe… Algunos locutores de emisoras de ámbito nacional, entre ellas RNE, están convencidos de que en Canarias los disfrutan una hora antes de que los pronuncie… Si ello fuera así, ¡qué fortuna tan favorable la de los habitantes de las Islas Afortunadas!

Ir al campo

Esta noche tengo el cuerpo como de apaleado sin motivo. Son las once y para mí que son las dos de la madrugada. Ni me duermo ni soy capaz de digerir el huevo duro que no he debido comerme para la cena.

Así que si cojo el bolígrafo, me sale la mala leche a borbotones.

Normalmente cuando abro esta ventana, cuando certepateo, lo que me gusta es dar a mis dos o tres lectores, mis queridos lectores, la imagen de que soy capaz de divertirme planeando (no haciendo planes, sino volando con mi aeroplano) en un rincón cualquiera del jardín de la vida, siempre con riesgo de que me atrape alguna araña.

Esta noche, sin embargo, estoy malasombra; y lo que me apetece es insultar a ese ministro que llama ir al campo a ir de montería.

La gente con la que a diario me trato tiene una idea bastante más modesta de lo que es ir al campo.

Sr. Ministro: a pesar de mi mala leche de esta noche, no le voy a insultar. Pero sí le voy a pedir a usted que no insulte a la gente de mi pueblo.