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Cita


[…]cuando digo “yo”, siempre estoy construyendo un personaje.

Blog de Rafael Reig (enlace en la columna de la izquierda).

Día 21 de diciembre de 2008.

Un decálogo

¡Ojalá hubiera un libro que gozara del dichoso privilegio de circular incesantemente de mano en mano en esa inmensa población diseminada en nuestras vastas campañas, y que, bajo una forma que lo hiciera agradable, que asegurara su popularidad, sirviera de ameno pasatiempo a sus lectores!

Pero:

  1. Enseñando que el trabajo honrado es la fuente principal de toda mejora y bienestar.
  2. Enalteciendo las virtudes morales que nacen de la ley natural y que sirven de base a todas las virtudes sociales.
  3. Inculcando en los hombres el sentimiento de veneración hacia su Creador, inclinándolos a obrar bien.
  4. Afeando las supersticiones ridículas y generalizadas que nacen de una deplorable ignorancia.
  5. Tendiendo a regularizar y dulcificar las costumbres, enseñando, por medios hábilmente escondidos, la moderación y el aprecio de sí mismo; el respeto a los demás; estimulando la fortaleza por el espectáculo del infortunio acerbo, aconsejando la perseverancia en el bien y la resignación en los trabajos.
  6. Recordando a los padres los deberes que la naturaleza les impone para con sus hijos, poniendo ante sus ojos los males que produce su olvido, induciéndolos por ese medio a que mediten y calculen por sí mismos todos los beneficios de su cumplimiento.
  7. Enseñando a los hijos cómo deben respetar y honrar a los autores de sus días.
  8. Fomentando en el esposo el amor a su esposa, recordando a ésta los santos deberes de su estado; encareciendo la felicidad del hogar, enseñando a todos a tratarse con respeto recíproco, robusteciendo por todos estos medios los vínculos de la familia y de la sociabilidad.
  9. Afirmando en los ciudadanos el amor a la libertad, sin apartarse del respeto que es debido a los superiores y magistrados.
  10. Enseñando a hombres con escasas nociones morales que deben ser humanos y clementes, caritativos con el huérfano y con el desvalido; fieles a la amistad; gratos a los favores recibidos; enemigos de la holgazanería y el vicio; conformes con los cambios de fortuna; amantes de la verdad, tolerantes, justos y prudentes siempre.

Un libro que todo esto, más que esto, o parte de esto enseñara sin decirlo, sin revelar su pretensión, sin dejarla conocer siquiera, sería indudablemente un buen libro; y por cierto que levantaría el nivel moral e intelectual de sus lectores aunque dijera naides por nadie, resertor por desertor, mesmo por mismo, u otros barbarismos semejantes.

José Hernández, La vuelta de Martín Fierro.

[Yo me he permitido añadir los números: sólo los números]

Jóvenes

Es consustancial a los jóvenes no dejarse aconsejar templanza y escepticismo. Cualquier duda se convierte para ellos en un freno, porque necesitan fe e ideales para desatar su energía interior. E incluso la locura más radical y absurda, con tal de que los entusiasme, les resulta más importante que la sabiduría más sublime, que debilita su fuerza de voluntad.

Stefan Zweig, Montaigne. Acantilado. Barcelona, 2008.