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Buscar trabajo

Ponderemos una vez más la rapidez del tiempo: “hace nada” yo andaba en esa situación, la de buscar trabajo, y ya estoy al final de mi vida laboral. Otra generación, a la que pertenecen personas que me son tan queridas, es la que busca empleo (en una coyuntura, ay, poco favorable). Para ella, para ellas, expongo aquí algunas consideraciones:

  1. Honradez. Quien busca trabajo tiene que tener muy claro que va a anteponer la honestidad personal a cualquier beneficio extra que implique la relajación de tal virtud.
  2. Aprovechamiento de la experiencia previa. Que no es solo la experiencia propia del estudiante. No puedo imaginarme a una persona que haya vivido de los seis a los veintiséis años sin más obligaciones que sacar adelante los cursos académicos, con mejores o no tan mejores calificaciones.
  3. Aceptación sincera y valiente, honrada, de que hay alguna o algunas tareas para las que nos sentimos absolutamente negados: las ventas a domicilio, la cocina, el canto… Lo que sea.
  4. Un ideal profesional. Es posible que no todo el mundo lo tenga. Pero muchos jóvenes sí que tienen hecho suficiente autoanálisis, adquirida suficiente consciencia de sí mismos, como para saber a qué tipo de tareas se podrían dedicar con más solvencia y autosatisfacción. Tareas que desempeñarían, o desempeñan, incluso sin cobrar. Creo que esta es la máxima fortuna en el mundo laboral: que nos paguen por hacer lo que nos gusta.
  5. Paciencia en el paro. Una paciencia que no puede excluir a su contraria, la impaciencia, pero sí combinarse con ella en las dosis justas para que la vida siga siendo no solo llevadera sino hermosa. En la vida de cualquiera puede haber importantes satisfacciones muy baratas o incluso gratuitas. No todo lo bueno cuesta dinero o cuesta caro.

 

Al final de este curso pasado, quizá en mayo, mientras paseaba conmigo mismo, me abordó para saludarme un antiguo alumno, AL, hoy ingeniero de telecomunicaciones. Charlamos un poquito; y, para demostrarme que seguía recordando cosas de mis clases, Latín y Lengua en 2º de BUP, soltó unas cuantas frases en latín (AL era un alumno excelente), entre ellas el siguiente proverbio: Facile cum valemus recta consilia aegrotis damus: Con facilidad, mientras estamos sanos, damos buenos consejos a los enfermos. ¡Ah! Pero yo aquí no he dado consejos: solo he expuesto algunas consideraciones.

Placeres sencillos

En estos tiempos de dura crisis, los que aún no hemos caído en depresión profunda, a la hora de buscar las gratificaciones de la vida, o más concretamente las de las vacaciones, debemos tener siempre en primera línea de la atención los placeres más baratos: respirar aire puro, chapotear en el agua, leer un buen libro –más barato si prestado y no comprado-, oír la radio –hay emisoras muy buenas, programas deliciosos-, etc., etc., etc.

O sea, que hay muchas, muchas gratificaciones baratas o enteramente regaladas.

Entre ellas, la de montar en bici oscila entre baratísima y gratuita. En ambos casos, qué agradable, sobre todo en verano, la marcha en bicicleta. Qué artilugio tan perfecto, tan sencillo y tan mágico este de la bici. Qué lúdico y alegre nos resulta deslizarnos suavemente, desprendidos del suelo, como levitando, pero sin apenas elevarnos, que las alturas, ya se sabe, suelen ser peligrosas.

Montar en bici nos reconcilia con nuestros ancestros los simios: como ellos, en la bici nos desplazamos usando piernas y manos. Las posturas con las que evolucionamos en la bici se parecen a la sucesión de movimientos con los que un chimpancé va cambiando de rama entre las frondas. Observad esta tarde, si ahora no me acabáis de creer, a un ciclista cualquiera del Tour, a Thomas Voeckler por ejemplo. Si os fijáis en los movimientos y gestos de este  excelente ciclista francés, veréis que tienen ese atractivo simiesco que automáticamente le granjean nuestra simpatía y confraternidad.

Y además, lo mismo que nos remiten a nuestro pasado meramente animal, los paseos en bici nos acercan a nuestra parte más divina, más angelical si lo preferís. Montar en bicicleta es volar, aunque sea con un vuelo perdiguero o columbar, libre de ambiciones empíreas. La poca altura nos evita el mareo de creernos otros dioses, u otros Ícaros. No: el vuelo en bici es vuelo humilde, y destaco el adjetivo para recordar su significado etimológico: próximo a la humus, a la tierra.

Así que ya sabéis: sacadla del sótano o del trastero, liberadla de sucias pátinas y de herrumbres, infladle las ruedas, engrasadle la cadena… y a volar como los ángeles, a caminar a cuatro manos como los monos, a disfrutar del aire puro.

Recortes en educación

¡La de años que lleva el Gobierno recortando en educación…!

¿Qué los alumnos no aprenden a diferenciar entre el y el usted? No pasa nada. Por lo menos distinguen entre la segunda persona y la cuarta, o la quinta.

¿Qué los alumnos dicen que Castilla es una ciudad, que Nueva York es un país? No importa. Por lo menos saben que esos nombres son nombres de lugares: más grandes o más chicos, con más o menos gente, ¿qué más da?

¿Qué los alumnos no saben lo que significa el verbo alzar? Mejor. Es un verbo asociado a nefandas actitudes fascistas: los curas alzan la hostia para timar al pueblo, los fascistas alzan el brazo para saludar al dictador.

Seguirán los recortes en educación. Y cuando pase otra generación los recortes habrán recortado tanto, que el burro flautista será catedrático al lado de nuestros alumnos (algunos no estaremos, qué poca pena, para verlo).

En fin… Yo a lo mío. Así que, como el curso va mermando en obligaciones, hoy he cogido la hora tonta de la mañana (esa que dedico a corregir lo que los alumnos escriben mirando para otro lado), me he acercado a la librería, y me he mercado el último de Mendoza, de don Eduardo Mendoza, de Eldardo Mendoza. Y ¡ale! A leer lo que escribe quien sabe escribir. A leer y a disfrutar, como hubiera dicho mi paisano Montes, de estar vivo en este siglo.

Y, para colmo de deleites, con el libro de estrena en la mano, me he metido en el bar, donde Miguel ángel, mi barman predilecto, me ha servido una triple sin (sin alcohol, sin tapa, sin vaso: en las horas de trabajo me rebozo de austeridad). Y la he degustado, ¡tan fresquita!, a la par que degustaba las primeras páginas de mi regalo de fin de curso, de San Antonio, de San Hoy, de lo que nos dé la gana a mi regalo y a mí.

Pero ahora no puedo ponerme a seguir leyendo mi regalo: me pondré a preparar las clases de mañana, para compensar un poco los recortes del Gobierno y de los alumnos.