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Llega septiembre y llueve

Puntual. Llueve en la tarde del uno: un buen baldeo. Y llueve en la mañana del dos: otro buen baldeo.

Y Nuria comenta que qué bien que llueva, que la lluvia se lleve la suciedad de la ciudad, que hay que ver cómo está de sucia esta ciudad.

Efectivamente, Nuria. Sucia que ya no cabía más mugre. Lo malo es que esta lluvia va a limpiar algo esta ciudad, pero no va a limpiar nada su bahía, que anda igual de sucia o mucho más.

En el pueblo donde me crié (ahora la RAE me pide por favor que le quite la tilde a esa –é. ¡Pues no se la quito; ni por favor ni por nada, no me da la gana!), en mi pueblo, teníamos algo que yo ahora llamaría el insulto totaliterario; porque era total y literario, y un poco sacrílego y maloliente. Para insultar sin paliativos no le decíamos a alguien “Eres una mierda”, sino “Eres una mierda más grande que la que cagó la Tomasa en la puerta de la iglesia; que echaron cuentas y construir una iglesia en otro sitio salía más barato que quitar la mierda”.

Y bien. Hay días que dan ganas de decir lo mismo de esta ciudad del sur y de su suciedad: más barato construir otra en otra parte que lavarla.

Sé un sesentón sensato

Cuando haces deporte

Cuando montas en bici. En esa bici que te está siendo fiel desde que aún eras joven. Cuando oyes que tu bici te dice que vas por cuesta arriba donde antes te decía que ibas por un llano. Cuesta arriba. Despacio y buen aliento. Es lo que manda tu bici. Sé obediente.

Cuando miras una belleza femenina que podría ser tu nieta

Por edad. No porque tú hayas ido dejando tu semilla helicoidal por todas partes esparcida, como si fueras un ailanto. Tú la miras y admiras su belleza. No esperarás por ello que ella admire la tuya. ¿Cuántos años hace que leíste por primera vez el discurso de Marcela, Don Quijote I, 14 para los interesados? Sabes que no vale el lema: “Quiérote por hermosa [y joven]: hasme de amar aunque sea feo [y viejo]”.

Cuando riegas las plantas de tu patio

Y ves que una tiene el tallo inclinado, como si no pudiera con el peso de sus hojas; que otra tiene las puntas de las hojas secas, como si le faltaran fuerzas a la savia; y otra no echa flores por mucho que se haga notar la primavera o el verano. A veces te entran ganas de arrancarlas y tirarlas a la basura. Pero no. Las plantas de tu patio son seres vivos, casi humanos, imperfectos como tú. Y algunas son, si no centenarias como el olmo de Machado, tan mayorcitas como tú o más aún. Cuídalas todo lo que puedas. Ellas no están obligadas a permanecer eternamente tersas, como si fueran de plástico. Y tú tampoco.

Cuando enjuicias tus sobras y tus faltas

Procura el bien; y no te flageles por tus errores. Por ejemplo. Cuando eras un adolescente, un estudiantillo de Latín y Humanidades, algunos de tus compañeros, generosos ellos, achacaban tus distracciones a tu inteligencia: “Todos los grandes sabios han sido unos grandes despistados”. Pasaron los años. Te convertiste en un padre de familia despistado, de dudosa eficiencia. “No tienes sentido práctico”, “Careces de habilidades para vivir en lo cotidiano”, te reprochaban tus allegados. Y ahora, sólo porque, cuando vas con la bolsa de la basura, te pasas del contenedor un corto trecho con la bolsa en la mano, te sientes consternado y tú mismo de ti piensas: “Estoy senil”. Pues no lo pienses. Piensa que la basura de tu casa pesa poco; y por eso vas con ella tan campante por la calle. Si cargaras con la basura de toda tu comunidad, ya verías cómo no te pasabas tan ricamente el contenedor.

Cuando escribes aquí

Procura seguir los consejos de quien te proporcionó el nombre para el blog: Dédalo. Los consejos que le dio a su hijo Ícaro (quien no supo aprovecharlos): “Medioque ut limite curras”. Vuela a media altura. Ni te abatas ni te encumbres. No eres un albatros; ni siquiera una gaviota. No eres un gavilán; ni siquiera una paloma. Si acaso te pareces al murciélago, ese engendro híbrido que a la juanramoniana hora del ocaso se da un garbeo por los aires para cazar algún verso.

Sarà quel che sarà

Tengo prácticamente abandonado este campo llamado Certe patet. Y no sé si ello es debido a una causa única. Tiendo a creer que se trata de un conjunto de causas circunstanciales:

-Las actividades propiamente veraniegas: la playa, la bici…

-Las tareas domésticas que se han ido aplazando hasta un tiempo más amplio: montar una estantería y reordenar los libros, arreglar el jardín…

-Las movidas familiares: primero quedé solo en casa. Luego, en varias andanadas, regresaron las miembras (o las mihembras). Y volvía a estar con nosotros mi hija mayor, Clara, que ha pasado el curso en Dieppe; y mi hija mediana, Alma, que ya tiene su propio proyecto para primeros de septiembre, en Londres.

-La posibilidad de dedicar más tiempo a la lectura…  Vive uno con esa sensación permanente: la de no leer cuanto quisiera, ni siquiera cuanto debiera; a pesar de estar siempre con varios libros entre manos, uno de ellos es hoy la última novela de Carmen Martín Gaite, Irse de casa, que me está encantando. Por cierto, el 22, hace tres días, fue el del undécimo aniversario del fallecimiento de esta mujer, de esta gran escritora. Y se me ocurrió escribir aquí algo acerca de ella; pero…

Pero, pero, pero. Pero tal vez ninguna de las causas de mutismo certepático que acabo de resumir sea causa verdadera. Tal vez la única causa sea la falta de ese íntimo impuso que me insta: “Toma el boli, escribe, edita en Certe patet”.

Así que ahora mismo no tengo ni idea de cómo va a evolucionar esta afición mía de cultivar este blog. Ahora mismo estoy escribiendo a modo de petición de disculpa: por si alguien lo ha abierto en alguna ocasión y se ha encontrado con que nada nuevo por aquí, a pesar del tiempo transcurrido desde la última visita. Puesto que para mí no es un trabajo, mi intención no ha sido la de darme vacaciones, la de dejar en barbecho este campo, para seguir con la metáfora agrícola.

El futuro siempre nos es desconocido; no obstante me temo que en agosto labraré aquí aun menos que en el presente mes de julio (ya día de Santiago, Dios mío, a qué velocidad está pasando este mes).

¿Volveremos a labrar estos bancales aprovechando las lluvias del otoño? Sarà quel che sarà.