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¡¡¡SOCORROOO!!!

…QUE ME PER…

…SIGUE…

…LA JUN…

…TA DE AN…

…DALUCÍ…

¡¡¡AJ!!!

La que cayó, la que cae, la que caerá

No estoy “pa ná”. Ayer, domingo, mientras yo me autoalentaba para corregir, con la máxima concentración, exámenes de análisis morfosintáctico, pasó por esta ciudad, Algeciras, el Ángel de las Tormentas. Y aunque pasó a la hora del aperitivo y el almuerzo (que a muchos de mis paisanos les supo amargo), a las 21:00, segundo más o menos, cuando yo caminaba para despejarme de tanta tormentosa confusión de nombres y verbos, de adjetivos y adverbios, todavía pude ver en los bordes de alguna rotonda los montones de granizos, además de las huellas de las riadas por aceras y calzadas.

No estoy “pa ná”. Hoy he pasado un par de horas en la sala de espera de una dependencia del Cuerpo Nacional de Policía para conseguir un papelucho insignificante; papelucho que he podido obtener porque a la familia que me precedía se le ha acabado la paciencia cuando a la mía le quedaba una raya. La familia se ha largado y al cabo del rato me han permitido entrar… Yo no puedo saber si el Ángel de Kafka  tiene domicilio estable en las dependencias del CNP o si estaba por allí esta mañana de visita protocolaria. Lo que digo es que ojalá no tenga yo que volver por esas dependencias en muchos años.

Ahora, aunque no estoy “pa ná”, voy a tomarme un café y a seguir poniendo orden en las tormentas de palabras y oraciones ingratamente agramaticales de mis alumnos. A ver si hay por aquí otros ángeles, de esos que de verdad ayudan. Porque si no, pasado mañana, miércoles de ceniza, cuando los eres andaluces se hagan polvo, a mí me van a cantar literalmente el polvo eres. Y la jubilación me la van a tener que pagar en forma de abonos nitrogenados.

Cosas del insti

Día 2 de febrero, La Candelaria: examen de recuperación de la primera evaluación –primer trimestre- en primero de Bachillerato. La fecha la han elegido los alumnos que tienen que pasar el trance, ¡faltaría más!

Pillo a uno copiando; y le leo sus derechos: “Ya has terminado el examen. Has sacado un cero”.

Luego, cuando suena el timbre de salida y los compañeros entregan los folios, se me acerca el copiante en plan razonador: “Es que yo, ¡cómo voy a saberme todo eso, si yo acabo de llegar de pasar una semana en la nieve!”

Efectivamente, mi alumno A, que se llevó cinco cates a su casa en diciembre, se ha pasado la última semana de enero en Sierra Nevada, con profesores del instituto, en un ¿curso? de esquí  organizado por el instituto.

-¿Y los alumnos pagan íntegramente ese curso, no habrá ahí dinero de la Junta de Andalucía? –me pregunta alguien. La verdad: no tengo ni idea. Yo, que lo más lejos que los llevo es a la biblioteca, ignoro esos arcanos. Pero es cierto que estamos ubicados en la unión de dos barrios pobres, marginales y ahora redepauperados. Y pasar una semana en Sierra Nevada en plena temporada no debe de ser tan barato como comprarse un polo flash, o un juego de mapas mudos, o un ejemplar de La Celestina.

Comentando estos puntos, alguna compañera me cuenta que ha tenido bronca (con un compañero cargo o con una compañera carga) porque durante esa semana, en sus clases de primero de Bachillerato, ella no ha hecho parón y a esperar a los de la nieve, sino que ha seguido desarrollando sus clases normalmente, con los muchos alumnos que no estaban en la nieve sino en clase.

Yo… no quiero decir nada, ni opinar, ni ponerme a tiro. Por lo pronto, mañana nos visita la inspectora. Creo que se llama Angela Merkel. Esperaremos a ver qué dice ella.