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Aunque es domingo

Interrumpo la grata lectura para ponerme a la faena, aunque es domingo. Dejo la lectura en las siguientes líneas:

“Al amor de la lumbre” es una expresión que me gusta.

Ricardo García, que va a cumplir ochenta y dos años en su pueblo de Torre del Burgo, ha escrito el Quijote en verso: 27.000 versos. Lo que da de sí la jubilación. Y la inspiración, Ricardo.

Manuel Leguineche, El Club de los Faltos de Cariño.

La faena no es escribir en Certe patet, esto es la grafoterapia, según conté hace poco. La faena es poner las notas finales a mis alumnos de 3º de ESO. Los suspensos van acompañados de un informe donde se especifica la materia que el alumno tiene que recuperar en septiembre; y se le dan consejos prácticos como “no dejar la confección de las chuletas para el último día”.

Después de esa faena vendrá otra, ya veremos cuál; descolgar, podría ser, la bici y examinar qué tal le ha sentado el largo letargo invernal. O leer un rato los periódicos en Internet. Algunos compañeros siguen apegados al periódico de papel, se niegan a modernizarse. Y a otros el periódico que más les gusta es uno de papel, pero no comprado por ellos en el quiosco, sino encontrado fortuitamente en una mesa; se le mira la fecha: “es de hoy”, ergo es el momento de gozar de la lectura de la prensa. En el instituto el periódico que más se ve es El País: es el que nos regala la Junta de Andalucía para que estemos bien informados. Yo, ya digo: la prensa en casa y en Internet.

Humilis Sutor

“CUANDO Zapatero sea viejecito y decida resignar su responsabilidad de Gobierno quizá pueda ceder el liderazgo al hijo de Carmen Chacón, que nacerá este verano”. Con esta frase, verdaderamente expresiva, comienza hoy Ignacio Camacho su columna en ABC. Efectivamente, tal como anda el PP, podemos tener Zapatero para rato (para Rato y sus bisnietos). O sea, que después de la Era Glaciar, el Antiguo Régimen, la Restauración Borbónica, la Era Franquista… la Zapat Era Prodigiosa. Yo no sé cómo este hombre va a poder seguir siendo humilde con la de años de poder que se le vienen encima. Quizá debería crear la plaza de funcionario mementomorero: para que se situara, a sol y a sombra, junto a su oreja (mayor, la derecha) y le musitara sin tregua, e incluso con tregua de ETA, lo que se les repetía a los generales romanos triunfantes: Memento mori. O, jugando con el nomen de nuestro pacificus dux gloriosus: Sutor, ad scamnum tuum reverte.

¡España, España, España!

Una cantidad inmensa (o sea, no medida) de la población española no siente amor pos su bandera: porque la asocia con dictadura, oprobio monárquico y eclesiástico, caciquismo y opresión del pueblo. Es verdad que ha sido la bandera, también, de estos últimos treinta años de democracia y prosperidad. Sí; pero los anteriores a esos treinta siguen pesando demasiado en la memoria y en la Historia.

Solución: modifiquemos la bandera, de forma que represente que el pueblo español se renueva y mira al futuro sin olvidar lo que fue. Para lo cual propongo una bandera que contenga en el centro, en dos círculos concéntricos (como el círculo rojo en la de Japón) el rojo y el gualdo. Diecisiete puntos negros formarán: un pentágono regular en el gualdo y un dodecágono regular en el rojo. Representarán las diecisiete comunidades autónomas, y los diecisiete pares de huevos de toro de lidia que proporcionaron la prístina semilla a nuestra piel de vaca. Lo de cinco y doce es representación de las comunidades del interior y las comunidades abiertas al mar. Pero España es parte de Europa, cuya bandera es azul; por lo que el rectángulo en el que se inscribe el círculo bicolor tiene que ser azul: azul Europa, con tantos círculos dorados, formando sendas columnas a derecha e izquierda, cuantas naciones se hayan incorporado al proyecto común de la Princesa Fenicia. Habría que simbolizar también la globalización: España y Europa son parte del mundo, de un mundo que queremos bien conservado, lo que simbolizaremos con cuatro esquinitas verdes (cuatro esquinitas tiene mi patria, cuatro angelitos que me la guardan). Y ya está… ¡Una chulada de bandera!

Para el Himno, que se sostiene en la misma precariedad, propongo la letra del Cantemos al Amor de los Amores de la España católica y conservadora con música de Sabina-Serrat, El Dúo Inmortal, que representan a la España agnóstica y progresista.

Y para terminar, algo habrá que hacer con la figura del Rey, que ahora tiene tantos detractores como admiradores. Propongo lo más sencillo en materia de cambios: cambio de una sola letra en su apellido: no Borbón sino Bombón. Y como los españoles tenemos dos apellidos, que cada solar matrio le adjudique el segundo que resulte más acorde con su terruño y su riqueza: Bombón de Oliva, Bombón de Algarroba, Bombón de Alcaparra, Bombón de Melocotón…

Todo tiene arreglo: es cuestión de proponérselo. ¡España se apaña!