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“Poesía necesaria / como el pan de cada día”

Mi amigo Ico Joaquín me manda un enlace con diez canciones del recientemente asesinado Facundo Cabral; uno de sus preferidos desde los primeros años setenta, me dice.

Yo veo los vídeos y oigo las canciones. Alguna de ellas la recuerdo perfectamente desde esos años que menciona mi amigo; alguna la recuerdo vagamente, y otras las escucho como por primera vez.

Luego me da por recordar que mi amigo IJ confiesa, categóricamente, que a él la poesía no le gusta, que no la entiende, que él no lee poesía. Y ahora yo me digo y le digo: Pero amigo Ico, esto es poesía, poesía de la buena. Facundo Cabral ha cantado como los ángeles; y seguirá cantando en las infinitas grabaciones que ha dejado. Pero las letras son tan buenas que les quitas la música y siguen siendo obras de arte.

Decía yo un día, este pasado curso, a un grupo de alumnos que un poema es una canción tan buena que no necesita música, porque la lleva ya en sí (recuerdo el gesto de completo acuerdo de mi alumna Ana). Y este aserto lo podemos comprobar ya en la letra de la primera canción de esta selección que me manda mi amigo:

NO SOY DE AQUÍ NI SOY DE ALLÁ

Me gusta el mar y la mujer cuando llora;
las golondrinas y las malas señoras,
saltar balcones y abrir las ventanas
y las muchachas en abril.

Me gusta el vino tanto como las flores;
y los amantes, pero no los señores;
me encanta ser amigo de los ladrones
y las canciones en francés.

No soy de aquí ni soy de allá;
no tengo edad  ni porvenir,
y ser feliz es mi color
de identidad.

Me gusta estar tirado siempre en la arena;
y en bicicleta perseguir a Manuela,
y todo el tiempo para ver las estrellas
con la María en el trigal.

No soy de aquí ni soy de allá;
no tengo edad ni porvenir,
y ser feliz es mi color
de identidad.

La canción es un manifiesto del poeta, un himno a la vida libre, aparentemente desarraigada, pero al contrario: enraizada en todos los seres que lo rodean: en el mar, la mujer, las golondrinas; en el vino, las flores, la arena. La vida es algo riquísimo y diverso: no renunciemos a nada, nos dice el poeta, que habla en primera persona, que quiere predicar con el ejemplo.

Son versos de una pasmosa sencillez aparente, pero cuidados al máximo en su estructura, en su sonoridad, en su medida, en sus rimas; aspectos que no voy a comentar para no ponerme pesado ni pedante.

Amigo Ico: a partir de ahora no me digas que no te gusta la poesía… Lo mismo que te gusta el jamón, pero no lo comes solo, sino que te gusta meter las buenas lonchas entre dos rebanadas de pan; lo mismo que te gusta el café pero no lo tomas solo, sino con azúcar y leche, y a veces con un chorreoncito de whisky… lo mismo lo mismo te pasa con la poesía: te gusta con voces y caras de personas amigas, con fotos, dibujos o paisajes, o entreverada en una peli. La poesía le gusta a todo el mundo, porque la poesía es inherente a la vida humana. Lo que pasa es que cada uno la prefiere cocinada en su receta predilecta. Aunque es verdad que a algunos, que somos muy viciosos de la poesía, nos gusta sola.

V. V., menudo gilipollas

De Vicente Verdú no sé casi nada.

Sé que es colaborador habitual del periódico El País, y que en sus artículos pretende ante todo epatar al burgués; aunque lo que consigue es espantar a quien tiene dos dedos de frente. No hace mucho, al epatar sobre la libertad de que deben gozar los jóvenes en cuanto a la corrección ortográfica, le contestaba en muy duros términos, y en el mismo periódico, Antonio Muñoz Molina.

Sé también que debe de ser más o menos de mi edad, o sea, que ya anda metido en la sesentena. Escribió un ensayo comentando las experiencias de llegar a la cincuentena. Me lo regaló mi mujer cuando cumplí el medio siglo; y, aunque el librito había ganado un premio de ensayo, a mí me pareció tan previsible, tan falto de saber y de sabor, tan aburrido, que no pude leer más de unas cuarenta páginas.

Y sé que hoy ha publicado en su periódico habitual un artículo titulado Contra la familia. No lo voy a reproducir aquí, pero se lo mando a quien quiera leerlo. A mí, más que un artículo, me parece un rebuzno de adolescente, el desahogo de un chico que ha tenido una pequeña contrariedad o un buen encontronazo en su vida familiar, algo que, efectivamente, forma parte consustancial de la vida en familia. Pero escrito por un sesentón. Es una sarta de gilipolleces que no merece ningún serio comentario. “Gilipollas –diría Forrest Gump- es el que dice gilipolleces”. Lo es más el que las escribe.

 

Rubalcaba o la Educación

Que las primeras declaraciones institucionales del Candidato hayan sido sobre cambios en Educación, me parece lógico: hay mucho que mejorar en Educación. Y para que ésta empeore sólo es necesario seguir, sin hacer rectificaciones, con el sistema vigente.

Ahora bien, el Candidato, un hábil orador, lo único que ha dicho en sus declaraciones ha sido una tontería doble: la culpa de que la educación esté mal en nuestro país la tienen los profesores, y, por tanto, es a ellos a los que tenemos que aplicar el cambio: deben tener una formación similar a la de los médicos.

En general, la formación del profesorado es hoy sólida, bastante mejor que suficiente. Yo, de alumno, tuve profesores con mucha menos preparación para desempeñar su trabajo; y a pesar de ello lo desempeñaban con encomiable dedicación y eficacia: porque eran otros los alumnos, otra la sociedad, otras las normas.

En cuanto a lo de poner como modelo a los profesionales de la sanidad española, sólo significa reconocer la solvencia laboral de éstos. “Reconocerla”, entre comillas: muchos de ellos se tienen que ir de su país precisamente porque no se les reconoce.

El sistema educativo vigente, en cuyo arranque tuvo tanto protagonismo el ahora Candidato, parte de la premisa de que el educando está, salvo poquísimas excepciones, en la mejor disposición para colaborar, con su esfuerzo propio, en su propia formación: como el enfermo que acude, o llama, al médico porque tiene fiebre, o dolores de estómago, o mareos. En estos casos sí: lo normal y habitual es que el joven paciente colabore con su médico; y se tome sus medicinas, o se acueste, o modifique temporalmente su dieta alimenticia, o sus hábitos deportivos.

La actitud del interesado es muy distinta cuando el profesor le indica al alumno el camino para salir de su enfermedad alfabética: leer, buscar en el diccionario y anotar el significado de las palabras nuevas, memorizar algunas definiciones o algunos datos, ser cuidadoso y pulcro al realizar un escrito formal… O, mejor dicho, la recepción de este mensaje sí es buena. Lo malo viene en el momento en que hay que ponerse a aplicarlo, habiendo tantas otras opciones para pasar el tiempo de forma incomparablemente más placentera. “Además, estoy repitiendo 2º, y por tanto el año que viene voy a pasar a 3º. ¡Que estudie el maestro!”

Rubalcaba: no pasarás de Candidato a Presidente. Pero si pasas, haz una Ley de Educación consensuada con la Oposición, y con otros Agentes Sociales, y con la Unión Europea, y con la Globalización. Una Ley en la que derechos y deberes estén en el mismo rango. Y líbranos de la ESO, amén.