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Ruido de fondo

Si la Historia de la literatura del siglo XX tiene todavía pendientes unas cuantas revisiones para ser medianamente fiable, ¿qué decir de lo que se está escribiendo ahora, en la primera década del XXI? Por eso, a la hora de elegir lectura, lo mejor es seguir el propio gusto, aunque tal obra o tal autor no hayan merecido la atención de Babelia o de El Cultural.

A mí el columnista David Gistau me tiene conquistado. Lo leía en La Razón. Luego, él dejó de escribir, y yo de leer, en La Razón: cada uno por sus propias razones, claro. Ahora el escribe en El Mundo y yo lo leo siempre que puedo, o sea, casi siempre que escribe.

Esta pasada primavera, en abril, ha publicado su segunda novela, Ruido de fondo, y me ha gustado tanto como la primera (A que no hay huevos), o más.

No voy a desvelar nada del argumento. Sólo diré que Gistau se mueve, creo, en un terreno que conoce, a la hora de elegir ambientes y personajes; y que construye texto con mano maestra… Una palabrilla le he tachado: un pronombre lo en la página 168.

Conclusión: leed a Gistau. Espero que os guste como a mí. Se lo recomiendo incluso al cantamañanas que ha escrito la presentación del autor en la solapa. La termina así:

Ha publicado dos libros de artículos: A que no hay huevos y La España de Zetapé.

Ruido de fondo supone su primera incursión en la narrativa.

Como ya he dicho, A que no hay huevos es una preciosa novela publicada en 2004; y el libro de artículos que publicó el año pasado se titula ¿Qué nos estás haciendo, ZP? Con el siguiente subtítulo: Los desastres derivados del talante de Zapatero. Apostaría algo a que detrás de esa cag…, detrás de eso, está la mano de algún antiguo alumno de la ESO.

Nunca

Mi vecino, compañero y amigo viene a pedirme un libro. Pero no hay tal petición, sino intercambio, porque me trae el último y póstumo de Ángel González, Nada grave, que mi “compa”, Perfecto, sabe que yo no he comprado, a pesar de la afición que le tengo a este poeta.

Ya Perfecto me hace saber, no para que se lo devuelva cuando acabe ese plazo, que es un libro que “se lee en diez minutos”. Efectivamente es un libro de veintiocho poemitas breves, entre los que hay un soneto y unos cuantos de extensión similar al soneto; los demás son mucho más breves. Y está magníficamente editado: un merecido homenaje para este inspirado poeta, fallecido este año, el día 12 de enero.

A pesar de su brevedad, algunos poemas, lo que ya me constaba de antemano, no son nuevos: ya aparecieron en el número 233 de la revista Litoral, en el año 2002, otro homenaje al poeta y otra joya editorial, por cierto; y algunos poemas aparecieron en el El País poco después de la muerte de don Ángel.

Leo el libro y…dada su brevedad, lo copio, lo que para mí no constituye un trabajo, sino otro modo de muy amena lectura.

Son poemas, creo que todos los aficionados ya lo saben, cuyo tema es la experiencia de la decrepitud inherente a la vejez, y el presentimiento de la, inevitablemente próxima, muerte.

¿Hay algún poema que se salga de este núcleo temático? Sí, hay uno; lo copio:

NUNCA

¿Hemos de sacrificar a la doncella

en el altar de un dios que reclama su sangre

para confirmar su poder sobre nosotros,

y comprobar que su grandeza

no sufre menoscabo con el paso del tiempo?

Rómpase la grandeza del dios en mil pedazos,

que la lepra corroa la púrpura que cubre

su soberbia figura,

y que su eternidad se reduzca a ceniza.

Y prevalezca la sencilla gracia

de la doncella viva, fugaz, irrepetible,

su sonrisa tan clara,

su alegría

que ella no sabe efímera, y por tanto

es en su ser presente inmortal un instante.

Vemos que no sólo el tema, sino el tono del poema es distinto: el tono menor, intimista, casi susurrante, “nada grave” de los otros poemas se ha transformado aquí en un encendido, enardecido, iconoclasta discurso ante una imaginable multitud, a la que (sin duda) el vate disuade de sus perversas intenciones de sacrificar a la doncella de “sencilla gracia” “en el altar de un dios”. ¿De qué dios? Eso no lo dice el poeta, por lo que creo que hay que deducir que “cualquier dios”. Ahora bien, concluyo, la nómina de dioses es muy amplia: el Becerro de Oro americano, el dólar, el Toro de Oro de Europa, el euro, la ideología de izquierdas, el Socialismo, la ideología de derechas, el Fascismo… Y tantos otros dioses: el dios del Cristianismo, el dios del Islam, el dios del Judaísmo, el dios de tantos convencionalismos y prejuicios deificados por la estupidez, el miedo, la ignorancia o el afán de poder sobre las gentes. Si “reclama su sangre”, la sangre de la doncella de “sonrisa tan clara”, o la del joven (¡naturalmente!) lleno de vigor y hermosura, ¿qué es lo que hay que hacer? “Rómpase la grandeza del dios en mil pedazos”, “y prevalezca” la fugaz inmortalidad de cualquier joven.

En fin, gracias, don Ángel, por este bello himno a la vida, a la juventud y a la libertad, en este libro tuyo de la leve, “nada grave”, elegía de la despedida.

Lola Peche Andrade

Acabo de leer, prácticamente de un tirón, Tiempo sentimental. Poemas íntimos, de esta poeta (me sigue gustando más poetisa) algecireña. Y acabo de leer este libro en Algeciras, naturalmente, ciudad en la que este Antonio vive desde hace veinte años.

Uno teme siempre que los elogios pronunciados por los paisanos procedan más de la confraternidad y del amor al terruño que de la verdadera calidad del destinatario de los elogios. Por eso me ha sorprendido la calidad de estos poemas: el dominio de la técnica que demuestran, la variedad de tonos y ritmos y la fuerza de la pasión que cifran. Son poemas de amor, pero cada poema refleja un momento distinto de la vivencia amorosa: desde la dulzura de la correspondencia hasta la hiel de la ruptura, la muerte, el olvido o el volver a empezar. Y son poemas de mujer, escritos en una sociedad en la que, si bien hombres y mujeres viven en la hipocresía, se obliga mucho más a la mujer a que mantenga encerrada su verdad más íntima.

Poemas de calidad, ciertamente, estos de Lola Peche, aunque no muy del tiempo que le tocó vivir, 1918-1989, sino más cercanos al ámbito del Romanticismo decimonónico, próxima más a Rosalía de Castro (sí, a pesar del flexo del poema que copio) que a Juana de Ibarbourou. Pero me estoy metiendo en lo que es mejor dejar a los expertos.

Copio el poema que he leído el primero, y que me ha hecho seguir picoteando, y luego comenzar la lectura por el principio:

HOGAREÑA

La curva fría de su fino brazo

de metal suavemente inclina el flexo,

y derrama su luz íntima y dulce

sobre la mesa donde estás leyendo.

Tu perfil pensativo se recorta

en contraluz magnífico y sereno;

y yo te estoy mirando con ternura,

en la amable quietud del aposento…

En la amable quietud del aposento

tan lleno de tu amor y tu presencia;

de nuestro amor y nuestra paz tan lleno.