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Goza cuello, cabello, labio y frente

Esta mañana mis alumnos de 3º de ESO y un servidor hemos prosificado este soneto de Góngora. Yo no miraba el libro de texto porque me lo sé de memoria, como es de suponer a estas alturas del partido. Mas, cuando he recitado los versos, mis alumnos me han corregido, porque ellos sí lo iban leyendo en el libro. Lo que ocurre es que en el libro hay varias imperdonables erratas (¿a quiénes les dan las editoriales los libros de texto para que hagan las últimas revisiones?):

-“Mientras por competir por tu cabello”

-“mas tú y ello justamente”.

Al final yo también he metido la pata en la errata, porque por un momento hubiera jurado que el soneto dice “siguen más ojos que a clavel temprano”. Luego, mientras los alumnos escribían en sus cuadernos, me asaltó la duda: “Me parece que me he ofuscado, que me he puesto más gongorino que Góngora eliminando ese artículo”…

Ahora, mientras no echo la siesta, compruebo, en Góngora y el “Polifemo” y en la Antología de Antonio Carreira, que, efectivamente, me he pasado un pelín: “siguen más ojos que al clavel temprano”. No sé si a mí me perdonará la tropa.

Al escondite

Mis dos hermanos –en la juventud bastante mayores que yo y ahora sólo algo mayores que yo—tienen sendas nietas de dos años, dos primores, dos flores de caramelo, dos polvorillas inagotables.

Hoy, al acordarme de estas dos sobrinas nietas mías, de estos dos encantadores bichitos (no tienen poca suerte mis hermanos), dos sonetos se han asociado a mi recuerdo: los que dedica José Hierro a sus nietas Paula y Tacha. Son dos sonetos preciosos: yo se los recomiendo a cualquier aficionado a la poesía (¿hay seres humanos a los que no les guste la poesía?). Mis dos “sobrinietas” son Martina y Lucía. Y creo que el juego que a ellas más les gusta es el del escondite. Les encanta. Aunque, ahora que lo pienso, también a Alba, la pequeña de mi cuñado, sólo un año mayor, le entusiasma este juego. Esconderse detrás de una cortina, desaparecer y aparecer ante la vista de los otros en un pispás, aparecer mágicamente y estar con todos, y mágicamente volver a esa intimidad de ellas mismas solas…

Cuánta importancia debe de tener este juego en la infancia, no sólo como divertimento presente, sino también como ejercicio de formación para la vida adulta… Todos los juegos infantiles serán, sin duda, formativos. Pero éste del escondite me parece hoy especialmente crucial. Dicho lo cual, me vuelvo a mi escondite.

Otro epitafio

Otra vez hoy, al hablar de sonetos en clase, siempre queriendo rebajar al máximo la materia “discenda”, he vuelto a recordar este soneto de José Hierro. Ahora, al recordar, en la quietud de la tarde, el recuerdo de la clase, pienso que, en lo que a mí respecta, no me estaría nada impropio como epitafio, sobre todo si se escribe así en la lápida, en forma de cruz:

DI

FE

DE

Y SÉ QUE FUI

NO

HOY

LO

QUE

SOY

Y lo que sobre de costear la lápida, que lo gasten en lo que quieran mis herederos.