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Misa del Niki

En el entierro de nuestro querido Niki (Agustín LM), enredado entre un grupo de amigos que entraban a la iglesia para asistir a a la misa “de corpore insepulto”, decidí mantenerme en el grupo y asistir yo también, de libre oyente.

En muy pocas ocasiones he entrado en la iglesia de mi pueblo en los últimos ¡cincuenta años! Cómo pasa el tiempo. A lo que iba: todo lo que vi me gustó: la limpieza, el brillo, la ornamentación, la iluminación, la imaginería, los feligreses, el cura y su sermón, los cánticos -voces femeninas: los hombres se abstienen, y sólo alguno se atreve medio en sordina-.

Y las lecturas. La primera -antes se llamaba epístola, supongo que ahora también- era un pasaje del libro de los Hechos de los Apóstoles, del capítulo 25. El cura, en su homilía, relacionó este episodio de la vida de San Pablo -y no como un hallazgo propio y personal sino como una conclusión doctrinal consolidada- con el nacimiento de Europa y de la cultura occidental.

San Pablo, en su condición de judío, de cives romanus y de poseedor de la cultura griega, aunaba en su persona los tres componentes básicos del hombre occidental: el filósofo amante de la verdad, el sujeto de derechos y deberes que son inviolables en la comunidad, y el creyente que trasciende con su fe las limitaciones de la vida humana.

En fin, que no me reconvertí al catolicismo en la misa de cuerpo presente del Niki, pero casi.

Alguna crítica, no obstante, habré de hacer, para que no todo sean elogios. Se nota todavía demasiado en la iglesia de mi pueblo -y en la Iglesia- la falta de igualdad entre hombres y mujeres, éstas siempre en funciones subalternas, por muy necesarias que sean. ¿Qué espera la jerarquía eclesiástica para elevar mujeres al sacerdocio, para abolir el celibato sacerdotal?

Bueno, Niki, tú a lo tuyo: a descansar en paz y a esperarnos sin impaciencia.

Desayuno con romanza

Domingo último de abril. En cuanto a puentes, nunca he estado pendiente de ninguno, creo; aunque la jubilación es un puente que nos lleva de la vida útil a la eternidad.

Desayuno, comme d’habitude si desayuno solo, en compañía de la radio. Y hoy domingo toca Radio Clásica. Un poco más tarde de lo habitual por mi parte, suena La Zarzuela. Y, entre otras, una pieza especialmente reconocida y evocadora, la romanza Canto a la espada, de El huésped del Sevillano: «Fiel espada triunfadora / que ahora brillas en mi mano»…

Según van sonando sus compases, va actuando en mí el café y comienzo a pensar: en los tiempos tan pacifistas que vivimos —a pesar de lo cual la guerra es presencia y amenaza—, en lo distinta que era España cuando esta zarzuela se escribió, hace un siglo, en lo muy distinto que era este país cuando vivió «el huésped del Sevillano», Cervantes; en lo abismalmente distinta que era esta Andalucía cuando oí y vi por primera vez esta romanza, a los 14 o 15 años, en la tele de la taberna Las Tres Emes, muy lejos todavía de que en mi casa hubiera tele.

Y pienso en que, aunque han sido muchos los cambios producidos, otros todavía se tendrán que producir para que esta esquina de Eurasia que es la Unión Europea avance por el buen camino: el de la Unión.

Lo de las Becas Erasmus está muy bien, fue un gran invento; pero hay que extenderlo más, no dejarlo sólo para algunos —o muchos— universitarios. ¿Por qué no se universaliza para los jóvenes un servicio social europeo? Sesenta días de servicios a la comunidad, prestados en un país distinto al de origen, y, por supuesto, no retribuidos económicamente; o con un sueldo simbólico, como el de la antigua mili.

Cuando yo la hice, año y medio, con el cadáver de Franco todavía caliente, se realizaba obligatoriamente en una región militar distinta de la de procedencia. Recuerdo que tuve compañeros y amigos catalanes, algún valenciano, algún albaceteño, algún extremeño, algún gallego (uno, no recuerdo su nombre, cuya madre era amiga de Gonzalo Torrente Ballester). Todos en la buena sintonía de la juventud. La verdad: yo me sentía allí mucho mejor que en mi casa paterna.

Recuerdo que a veces me veía en un corrillo de catalanes, que, naturalmente, hablaban en catalán. Yo callaba, escuchaba y entendía —mi licenciatura en Filología Románica, ya obtenida, incluía una asignatura de Catalán—. Cuando alguno de ellos se daba cuenta de mi presencia, me pedían perdón; pero yo los animaba a que continuaran en catalán, que yo me enteraba de todo o de casi todo.

Hay que seguir avanzando en la creación de una red de puentes por la que los jóvenes europeos transiten con fluidez, hagan amigos, aprendan idiomas, busquen pareja, y canten para sus colegas las romanzas de su patria chica, como esta de «el huésped del Sevillano», que fue el soldado más vocacional de la milicia, el escritor más pacífico e inteligente, y el español más universal.

Algos

Los escritos breves se adaptan bien al blog. Juan Ramón Jiménez hubiera encajado bien en el perfil de bloguero. Dónde mejor que en un blog los sucesivos capítulos de Platero y yo, o los sucesivos asientos de Diario de un poeta recién casado. Salvo por un factor: la gratuidad. Quizá don Juan Ramón tenía un sexto sentido para lo crematístico que le habría desaconsejado este medio. No estoy seguro.

Yo sigo enredado en mi Certe patet, que ya ha cumplido unos cuantos años.

Por otra parte, me parece que tiendo al minimalismo expresivo; que me llevará, paso a paso, a estarme callado y ágrafo para siempre.

El año pasado casi limité mi escritura a las décimas que componen Decimanía 17. Este año estoy recogiendo mis versos, versillos más bien, en un cuaderno titulado Algos (2018). Efectivamente, es título inspirado por Sancho Panza: ver Don Quijote, II, 29.

También aquí están saliendo muchas décimas (la decimanía no se me cura). Alternan con una estrofita para la que, por qué no, he inventado un nombre: gramo. Es una combinación de pentasílabo, endecasílabo, pentasílabo, generalmente sin rima. Pero, ¿eso no es un haiku? Pues no. El verso central del haiku es un heptasílabo; y entre un heptasílabo y un endecasílabo hay mucha distancia (para un oído sensible a las melodías y ritmos de los versos).

Poco más ha brotado en este campo de algos.

Pero, en lugar de esperar a que acabe el año para colocar aquí el cuaderno completo, he decidido colgar ya el cuadernillo del primer trimestre. Como un diario que es, cada entrada, que no siempre es monotemática y monotitular, va precedida por su correspondiente fecha.

Y ahí quede la cosa, enterrada en el blog.