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Aporías del maestrillo

· Teniendo en cuenta esa palmaria realidad del poquísimo trabajo personal, individual e intransferible del alumnado y de la alumnada, deberíamos dedicarnos en clase, ellos y nosotros, nosotros y ellos, bin-ban, bin-ban, bin-ban, a machacar, martillo sobre hierro frío, los conceptos básicos-basiquísimos. Para que ellos y ellas acaben la secundaria-primaria con base, o sea con cimientos. Ya vendrán otros que edifiquen sobre los tales. Ahora bien, machacar, machacar, machacar, es no solo aburrido sino machacante. Los profes y las profas debemos variar, amenizar, entretener, divertir y, en cuanto lo exija el guión, turbar más. Con lo cual los enseñantes y las enseñantas colaboramos y colaboramas para que los alumnos y las alumnas se lo pasen de PM aunque lo básico y la básica se queden sin aprender y sin aprendar.

· Teniendo en cuenta, otrosí y otrotambién, que los maestrillos debemos agenciarnos un banco de recursos punto menos que inagotable para variar, amenizar, entretener, etc.,  etc.; teniendo en cuenta, además, que con cuantos más recursos cuenta el maestrillo menos cuenta el maestrillo (véanse, si no se me cree, los libros de texto; cada uno de ellos incorpora tres maestrillos sustitutorios, aparte del del libro propiamente: el del CD, el del DVD y el de Internet.); y teniendo en cuenta, finalmente, que el maestrillo es ya el tonto de la clase, el que padece la ignominia de no tener un nombre (no te equivoques llamando Gabriela a Rafaela, que te comen Rafaela y sus veinticinco vecinos; pero no esperes que te llamen con otro nombre que maestro, un santo y reverendo nombre que aquí solo es un sobado y maltratado nombre); si cuanto más hacemos menos valemos, ¿no sería lo adecuado no hacer nada, limitarnos a ser espectadores de primera fila en la farsa educativa y a aplaudir al final de cada acto?

Dilogía, trilogía, tetralogía, pentalogía, sexología.

Pregunta al lector: ¿Cuál de las palabras, académicamente testatas y censadas, que aparecen en el título ha sido sustituida por mi alumna Notabene –es un pseudónimo- por el “nologismo” tripología?

Premio al lector: ¡la segunda!

Y ahora me pregunto, y le pregunto al lector: ¿En qué punto de mi actividad profesional he desbarrado tanto como para que una mi alumna de 2º de Bachillerato llegue a confundir la trilogía de Valle-Inclán sobre la guerra carlista con algo que parece un tratado sobre tripas?

He meditado mucho… Durante todo el tiempo libre que me ha quedado en estos días de correcciones trimestrales le he dado vueltas al asunto. Y creo, casi aseguro, haber descubierto mi punto flaco…

Si en ese interludio de timbre a timbre –timbre de salida, tres minutos, timbre de entrada- yo no me hubiera excedido de los tres minutos reglamentarios, y hubiese traspasado el umbral del aula de mi alumna susodicha en perfecta sincronía con la académica campana… Pero no: muchos días me retraso. Y cuando tendría que estar empezando la lección, aún estoy acabando la micción. Y con estos desajustes horarios, ¡cuántos minutos de vigilante magisterio se vierten improductivos en la poza del retrete a lo largo de un trimestre?

Como de toda auténtica autocrítica, toda autoevaluación, toda autoflagelación, debe surgir una propuesta, aquí va la mía:

Que en las aulas de los institutos, junto a la mesa del profesor, se instale un atril-urinario. Así, sin alevosa pérdida de minutos de micción, podremos explicar la lección al mismo tiempo que efectuamos la inexcusable mingitación.

Y no tengo duda de que, pasados un par de cursos, tal optimización cronométrica habría dado sus frutos. Y ninguna alumna de Bachillerato confundiría el estudio de las tripas con ninguna de las palabras que hoy nos sirven de título.