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Parábola evangélica

No por Antonio sino por

SAN MATEO

Y Jesús les habló nuevamente en parábolas, y dijo: Aseméjase el Reino de los Cielos a un rey que preparó las bodas de su hijo unigénito. Y envió a sus siervos a que convocaran a los invitados a la boda, pero éstos no quisieron acudir.  El rey entonces envió a otros siervos aún más persuasivos, diciéndoles: “Anunciad a los invitados que está preparado el banquete, inmolados los toros y los corderos mejor cebados, y todos dispuesto: que vengan a la boda.” Pero los invitados, sin hacer caso de la invitación, se fueron a sus asuntos, unos al campo y otros a sus negocios; y aun otros apresaron a los siervos del rey, los vejaron, los expoliaron y los mataron. Cuando lo supo, el rey, lleno de ira, mandó a su ejército, que aniquiló a los asesinos y arrasó su ciudad. Luego ordenó a otros siervos de su corte: “La boda de mi hijo ya estaba preparada, pero los convidados no eran dignos. Id a las encrucijadas de los caminos, y, a cuantos encontréis, invitadlos a la boda de mi hijo unigénito”. Y aquellos siervos salieron a los caminos, invitaron a todos los que encontraron, menesterosos o acomodados, y la boda se solemnizó con innúmera comitiva; y el banquete real quedó atestado de comensales.

(XXII, 1-10)

Dos verbos

1.- Refutar (lat. REFUTARE:  el abreviado de Corominas no pasa de ahí. Yo (sin que quiera compararme ni con Corominas ni con nadie) me inclino a pensar que la base es FUGIO: rechazar, alejarse de algo, huir de algo.

2.- Reputar (lat. REPUTARE, de PUTO): considerar (“Un reputado fotógrafo”, “Tengo mala reputación”).

Son dos verbos que se parecen tanto en el significante, que el único fonema que los diferencia es muy próximo a su oponente: bilabial, oclusivo sordo; labiodental, fricativo, sordo.

El texto donde se produce la confusión.- Martínez Assens (La novela de un literato, vol. 2) comenta / lamenta los comentarios de sus amigos intelectuales acerca del asesinato de Dato (8 de marzo de 1921):

“Es indudable que el crimen interesa a los escritores como un problema de lógica y de composición dramática. Les interesa sobre todo mientras la policía no descubre y detiene a los autores.

Así ocurre ahora con el asesinato del presidente del Consejo, don Eduardo Dato, ese hombre pacífico, sonriente como el palito acaramelado, que acaba de caer bajo la pistola de unos sindicalistas barceloneses.

La forma precisa como realizaron su designio hace que simpaticen con ellos, desde el punto de vista estético, los escritores, y los refuten [aquí la … ¿confusión?] de hombres extraordinarios.”

O la confusión procede del editor, o el superdotado traductor Assens está tan indignado tanto por el crimen de los anarquistas como por los comentarios de sus colegas, que cuando escribe “los refuten”, estaba sintiendo: Yo los refuto, los rechazo: a los que han cometido el crimen y a los que los elogian.

Aunque a mí lo que de verdad me impresiona de esta cruenta historia son las palabras, al parecer pronunciadas con toda serenidad cuando ya estaba detenido, del anarquista ejecutor: “Yo no disparé contra Dato, sino contra el gobernante que autorizó la Ley de Fugas”.

Neoplatónicos

Me cuentan que cierta directora de un instituto próximo, persona que, en cuanto la conozco como profesional y como señora, me parece admirable, está teniendo serios problemas con una inspectora. Y la causa de tal es que se ha permitido poner en los papeles una irregularidad de horario generalizada en los institutos, pero arteramente disimulada en la documentación oficial. Llega la Guardia Civil, llegan los tricornios, los que piden papeles: la cédula del burro, los papeles del camión… o la programación; sin mirar que amo y burro están que se caen de hambre, que chófer y camión está para el desguace, que programados y programadores pululan asilvestrados o desquiciados por aulas y pasillos de pesadilla. “¡Los papeles del camión!” ¿Que no hay papeles… que la documentación no está en regla? “¡Todos a la cárcel!”

En el sistema educativo actual los papeles son la realidad real. Los profesores y los alumnos habitamos en un mundo de sombras: ¡en la cueva de Platón!