• Páginas

  • Archivos

  • febrero 2026
    L M X J V S D
     1
    2345678
    9101112131415
    16171819202122
    232425262728  

Janés y las alpacas

En El Cultural, suplemento ídem del diario El Mundo, viene esta semana “Una despedida [porque en agosto el suplemento estará de vacaciones] literaria de altura: siete poemas inéditos de siete de los más grandes poetas españoles, de generaciones tan diversas como indiscutible calidad, para paladear ahora que disponemos de más tiempo, y que todo se demora y disfruta más”. El periodista (o la periodista: puesto que aquí las únicas firmas que aparecen son las de los poetas) no se conforma con llamarlos “grandes poetas españoles”: la “indiscutible calidad” también se refiere a los poetas, no a los poemas que aquí aparecen, y que eran, hasta ayer, inéditos. En fin, todos sabemos que un autor puede ser de muy reconocido y merecido prestigio y, un mal día, escribir un churro; porque Aliquando bonus dormitat Homerus (para que no falte el latinajo).

El primero de estos siete poemas es el que copio aquí (no porque sea el primero, ni porque sea el que más me ha gustado: podría comentar un buen montoncito de ‘detalles’ de este poema que claramente, o janésmente, no me gustan):

Volterra

por Clara Janés

Con las trenzas del órgano
y los trigos,
en los segados campos
llenos de alpacas…
El amor se ha llevado la cosecha
como un pájaro,
pero nos queda la tierra
y la plata de la luna.
¿Cuáles son nuestras certezas?
El día y la noche
se dan la mano
en nuestras manos
que, juntas,
borran el tiempo.
Luego
nos espera un lecho
de colinas
y el despertar en la niebla
a las formas indecisas.

Espero que, si ustedes lo “paladean”, le encuentren mejor sabor que yo. A mí me ha suscitado el presente comentario un término, el que subrayo, del verso 3: “en los segados campos / llenos de alpacas…” Esta claro que lo que “llena” esos campos segados son los paquetes de paja que las cosechadoras van dejando esparcidos, en el tiempo de la recolección. Ahora bien, esos “paquetes de paja” , según el DRAE, no son alpacas, sino pacas:

paca2.

(Del fr. ant. pacque).

1. f. Fardo o lío, especialmente de lana o de algodón en rama, y también de paja, forraje, etc.

Extraña más este cambio si se tiene en cuenta que la autora, además de poeta (me gusta más “poetisa”), es una profesional, muy reconocida y premiada, de la traducción.

A mí la lectura de estos versos me ha recordado una anécdota personal de hace bastantes años, de cuando estaba yo de empleado (o subempleado) en el vivero. En cierta ocasión coloqué, para los clientes, un cartelito que decía: “Hay pacas de setas” (pacas de paja humedecidas e inseminadas con esporas de champiñones). A los pocos días, Mª Tere, la hija estudiante de Derecho de uno de los propietarios del vivero, me corrigió el cartelito: “Hay alpacas de setas”. Tuve que invitar a Mª Tere a que mirara el Diccionario.

Transporte urbano

Esta calurosa mañana [escribo este apunte el día 9 del corriente] he tenido que bajar al centro, de la ciudad de Granada, para realizar una necesaria e insignificante gestión en un organismo de la Administración Pública. Si los ciudadanos realizáramos por Internet todas las gestiones que el buen uso de Internet nos permite, ¿cuántos cientos de miles de funcionarios, refiriéndonos sólo a España, podrían quedar en paro?

Como mi esposa iba a necesitar el coche, he bajado en autobús; para recordar, de paso, los viejos tiempos, de hace cuarenta años, en que este Antonio era estudiante sin moto. El autobús ha mejorado mucho: vehículo nuevo de motor potente y silencioso, regia suspensión, aire acondicionado… Pero no ha mejorado el viaje en autobús; porque la profusión de badenes (la cara opuesta de los baches de antes) someten a los pasajeros, especialmente a los que van de pie, como yo iba, y además en la plataforma trasera, a un continuo zangoloteo, similar al de una atracción de feria, producido por la rítmica sucesión de frenazos, saltos y acelerones (tirones del brazo estibador –sólo el derecho porque en la mano izquierda llevaba una carpeta- cogotazos contra la moldura del aire acondicionado, caídas en el vacío) que demuestran palmariamente que los estómagos e intestinos de mis paisanos gozan de sólidas estructuras. De mis paisanos y de mis paisanas, porque la mayoría de los viajeros eran viajeras. Un grupo de ellas, en los asientos enfrentados de la parte trasera, conversaba en voz bien alta, como de quienes, por su indudable honradez, de todo lo que dicen no tienen nada que ocultar al resto del pasaje. Debían de ser habituales conductoras de automóvil que habían coincidido, entre ellas y conmigo, en tener que prescindir del coche esta mañana, porque el tema de su conversación eran las dificultades que todas ellas padecían para meter su coche en su propio garaje, o para dejarlo aparcado en la propia puerta de la casa: siempre por la desconsideración de los vecinos, en ningún caso por la rapacería de constructores y munícipes. El contenido del coloquio, como digo: las dificultades del aparcamiento en el entorno hogareño; pero las formas estaban trufadas de expresiones de gañán de cuando los había. Quiere decir que ahora las señoras conducen y se conducen y conversan como sus maridos. Y viva la igualdad.

He llegado a mi punto de destino y he efectuado la entrega de documentos, de los que me han devuelto, con sello de registro de entrada, la pertinente copia. Ahora, a esperar sentados la respuesta de la Sra. Administración. Sentados o como sea… Por lo pronto el euro para el autobús de vuelta lo he echado en la caja colectora de un chavalillo que en la acera tocaba un acordeón, nada mal, por cierto; y he regresado andando.

Patet/latet

Mis pacientísimos lectores, repartidos por los puntos cardinales de la brújula (este, o este… dos lectores), habrán estado lamentando, a lo largo de lo que ya son más que muchos días, primero la ausencia de nuevas entradas en Certe patet; y a continuación la ausencia total de Certe patet, convertido temporalmente en Certe latet. Sólo temporalmente. De la primera ausencia es causa mi partida a mi pueblo de Gójar, donde me desentiendo de estos temas, paseo por los campos, hablo con los amigos de toda la vida, visito a las abuelas, bebo buen vino, leo buenos libros, etc. De la segunda es causa el domicilio del propio Certe patet. Me explico.

Sepan mis amabilísimos lectores que a un servidor este blog se lo regaló, en la última Navidad, el hermano de su legítima, o sea, su cuñado, es decir, mi cuñado. Él quería regalarme, en principio, un boli bicolor, y mi legítima, es decir, la su hermana, le dijo que ya tenía un Bic, que mejor me regalara un bloc de notas (ella pensaba sobre todo en las notas que tomo cuando me manda a comprar, ya que al bar casi nunca me manda). Pero mi cuñado, que es muy de la Informática, de la Internavegación y de los Ordenadores, entendió que debía regalarme un blog. Así nació Certe patet, y un servidor quedó contentísimo con tan modernísimo regalo; una vez vencidos, claro está, el recelo y la desconfianza que el artilugio me suscitaba; y aprendidas, sencillísimas, las instrucciones para el uso del mismo.

Para su funcionamiento, el blog necesita dos servidores: un servidor que soy yo (que escribo en él las incesantes gilipolleces que se me ocurren para vergüenza y escarnio del género humano), y otro servidor que es el Megaordenador que da acogida, hospedaje o posada al registrado Certe patet. Según queda dicho, el fluir de las memeces de un servidor, que soy yo, es incesante; pero el Megaordenador Alojador, a lo que parece, no es un cinco estrellas; más parece fonda barriobajera en la que pululan las sabandijas: de hecho cada cierto tiempo lo tienen que parar para desparasitarlo.

O sea, que este blog y yo no somos un río derecho, contradecimos el verso del poeta Celaya; somos más un Guadiana, que emerge y se sumerge cuando le da la gana. Queremos, eso sí, ser un río que avanza de espaldas, que lo acaricia todo con sus ojos de agua, como el río del poeta Ángel González.