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Atlante

Qué duro sostener el universo

sobre la punta de los cuernos.

Cuando cierra la Noche y todo el mundo

se recluye cansado en su aposento,

qué duro sostener el universo

sobre la punta de los cuernos.

Cuando el Alba sonríe y todo el mundo

sale de su cubil y va a su empleo,

qué duro sostener el universo

sobre la punta de los cuernos.

Cuando el Sol ya declina y todo el mundo

vuelve al hogar, a la querencia, al lecho,

qué duro sostener el universo

sobre la punta de los cuernos.

Cuando todo ha cesado y todo el mundo,

por la pálida luz de Luna envuelto,

yace en la dulce nada de los sueños,

qué duro es, qué duro es, qué duro,

qué duro sostener el universo

sobre la punta de los cuernos.

Imágenes

Hay programas musicales en la radio, en RNE, seamos claros, que oigo con agrado; algunos de ellos, desde hace muchos años. Las voces de sus presentadores me son tan familiares como la de mi amigo Fulano, la de mi prima Zutanita o la de mi compañero Menganillo. Pero como veo poquísimo la tele y no accedo a revistas ilustradas –que son demasiado ilustres para mí–, no conozco el aspecto facial que enmarca la boca que emite tales voces. Hoy he tenido el pronto de buscar esas caras en el Google, tarea en la que he tenido un éxito casi rayano en el fracaso. Lo cual me ha encantado. Me contentan ampliamente sus voces, que me presentan, que me comentan maravillosas músicas; melodías y ritmos que me pasean por el cielo como si una mágica alfombra me llevara. Seguramente estos magníficos, geniales presentadores, no conseguirán hacer de mí un discreto entendido en música clásica o salsera o country norteamericana (tengo oídos de burro, en eso me parezco al rey Midas); pero si la Parca me sigue dando tregua y ninguna otra traba me lo impide, seguiré oyendo las piezas que programan, sus comentarios irónicos, risueños, cordiales, hiperbólicos; y con ellos seguiré deslizándome por los hielos de los cielos como un ave marina. Y no necesito ver las caras (caras son para mí aunque no las vea) de tan maravillosos profesionales de la música radiada. Ahora que los avances tecnológicos, que nos ponen las fotos de los famosos hasta en la punta del condón, nos están haciendo regresar al analfabetismo del medievo, yo me quedo con mi radio, con mis libros, con mis periódicos digitales en ver sólo texto. Siempre sin prescindir ni abusar de lo mejor y más estimulante, la grata conversación en vis a vis, la única que cura, según dice la fonte, la dolencia de amor; ¿cómo? “Con la presencia y la figura”.

A ese alumno…

…QUE ATENTAMENTE ESCUCHA A SU MAESTRO

Cuando tus pasos jóvenes recorran

el mundo al que tus padres te trajeron,

verás en todas partes la belleza

turbia y entreverada con lo feo;

lo dulce con lo amargo, y lo terrible

con lo más atractivo y más risueño.

Y donde los placeres más halaguen

verás aparecer el sufrimiento.

Un cielo azul o gris, y un ancho mar

que te sostiene o te amenaza fiero.

Lindos prados y selvas en la tierra;

ríos caudales, mansos arroyuelos,

y montañas y valles y llanuras;

amplias vías, caminos polvorientos;

pueblos en los que bulle la alegría

y oscuros y sumidos tristes pueblos;

muchas casas de puertas bien cerradas,

muchas plazas que son hogar abierto.

Humanos que laboran, y que oran

en muy diversas lenguas y dialectos;

que copulan y gozan, que maldicen

con gran dolor a veces o con miedo;

que comparten lo suyo o que acaparan

cuanto a su alcance tienen de lo ajeno.

Fascinante y cruel será este mundo

cuando lo mires con tus ojos nuevos.

Busca en él tu lugar, pero no creas

que a tu servicio está; y pon tu esfuerzo

para hacerlo más bello y habitable,

más justo, más alegre, más fraterno.

Piensa en lo que tú puedes aportar,

rodéate de buenos compañeros.

Sé feliz con la dicha de las gentes

y sufre sus miserias en tu pecho.

No renuncies jamás a tu voz propia,

mas oiga a los demás tu oído atento.

Busca la vida plena, que no es

la que anda el más plácido sendero;

es la que hará que con sonrisa plácida

recibas a la muerte el día postrero.

No temas que ese día se apresure

aunque es breve la vida que tenemos:

que la fortuna ayuda a los audaces

y un ánimo encogido ya está muerto.

E incauto no te dejes engañar

por los que sólo son falsos modelos;

no el éxito te atraiga: la excelencia

busca con humildad y con denuedo.

Julio de 2003