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Poeta

Oyó una vez la voz que le decía:

“Toma la pluma, escribe”.

Y obedeció a la voz.

Las palabras manaban en su pecho

como el agua en la fuente.

Y se hizo el poema, y era bello; ¡cómo resplandecía!

Él sabía quién era: un don nadie sin patria ni fortuna

ni talento ninguno que ejercer en la vida.

Se sintió enormemente agradecido,

¿quién le había inspirado aquellos versos?

En su alma dibujó a su protectora: se llamaba Poesía.

Y el alma de aquel paria se encendió como un sol.

Había sido elegido por la Divinidad

para hacer evidente la belleza escondida.

No aspiró a más honor ni recompensa:

el sentirse elegido le bastaba.

Vivió para volver a oír la Voz

que lo había de usar de Mensajero.

Mas la voz no volvió.

Y él, que había brillado creyéndose poeta,

comenzó a entristecer…

Y ahora, ahí lo tienes, echado en ese banco

del parque, tiritando famélico y mugriento.

Deseando morir.

Tres, eran tres, las colitas del pez (¿o eran cuatro?)

1

Siesta conven tila dor

Viento

viene,

lene,

lento.

Siento

risa,

brisa

tiento.

Y un zum-

bido

vago

me ha sum-

ido.

Yago.

2

Federico

García Lorca

no está en sus huesos:

está en sus versos

y está en su prosa.

3

Quédate quieto

Cuando la vida personal

está tan mal, tan mal, tan mal,

como la vida nacional,

escribir es banal (o anal).

4

España

España es paño

de lágrimas.

Sólo en silencio

Busco la forma

de un poema más breve,

mas no la encuentro.

Haiku, di tú

por qué calla mi alma,

ensimismada.

Oye en silencio

la música callada,

la voz del cielo.