• Páginas

  • Archivos

  • febrero 2026
    L M X J V S D
     1
    2345678
    9101112131415
    16171819202122
    232425262728  

Llanto en flor

No sé lo que me pasa últimamente:

sospecho que algún tipo de neurosis

he incubado en mi cuerpo; aunque a veces me temo

que lo origine la presbicia. O será que me sobra

un montón de humedad.

En fin, sea la que fuere la causa de este mal,

mi mal es lo siguiente:

lloro por casi todo últimamente.

Si “Ne me quitte pas” canta Nina Simone

cuando estoy recogiendo la cocina.

Si recuerdo a mi padre

con mi edad, más o menos;

o la voz de mi abuelo, muerto hace medio siglo.

Es suficiente incluso con que lea

“Tres cantigas”, poema que le escribe

Miguel d’Ors a la Virgen (eso que soy ateo).

Lloré al ver a Orfeo devorado

(lo que quedaba de él: sólo unas plumas).

Y, por supuesto, lloro si imagino

que me jubilo, y los colegas,

los antiguos alumnos

y todo el personal del instituto,

en un acto solemne, me despiden;

y, en un bello discurso, alguna alumna,

alguna antigua alumna que ahora es profesora

o directora de un periódico,

me agradece el esfuerzo

y la dedicación de tantos años.

No sé a qué tanto llanto.

Tal vez como un castigo

por no creer en él, el Todopoderoso

me ha hecho la merced del don de lágrimas.

Me gusta

A Diego Bautista,

bueno como el pan.

 

Me gusta mi rincón; ser un villano

refractario a los usos de urbanita.

Me gusta mi ciudad; ser eremita

entre un gentío en ajetreo insano.

 

Me gusta mi país; y ser hispano:

de Berceo, de aquel Juan Ruiz de Hita,

de Lázaro de Tormes… heredé la marmita,

el terruño, la casa, el vino, el castellano.

 

Me gusta mi planeta; es un globito

flotante por la paz del universo,

de índigos nimbado y exquisito.

 

Me gusta contemplar ese disperso

rebaño sideral, por el prado infinito.

Me gusta mi rincón: es este verso.

Pingüino bilingüe

Yo siempre pensé que el oso pardo

era el ente que más se parecía

al estúpido ente llamado ser humano.

Hasta que descubrí al pingüino;

éste sí es parecido al Homo Oso:

su aire desvalido, su torpeza

para todo (la torpeza del pato

enseñaría ex cathedra a un pingüino),

su carita de cursi gilipollas,

su graznido que ni es queja ni risa,

ni marca el territorio, ni parece

canto con que atraer a una pingüina…

Hermanos del pingüino, los humanos

somos igual de torpes, de feos, de indefensos.

Sólo los superamos en que somos

bilingües. ¿Lo son ellos? No lo creo.

Bilingües porque usamos una lengua

para hablar con los otros pingüinos de la tribu,

y otra lengua distinta

para hablar con nosotros delante del espejo.