• Páginas

  • Archivos

  • febrero 2026
    L M X J V S D
     1
    2345678
    9101112131415
    16171819202122
    232425262728  

Dos sonetos a Marga

Amor venido

Tu nombre en mis oídos suave canta

y tu voz en mi pecho siempre suena.

Vivir unido a ti es dulce cadena,

vivir ligado a ti es vida santa.

Nunca pensé encontrar de dicha tanta

la eterna fuente que mi vida llena.

Si estoy contigo, ya nada me apena;

si estás conmigo, ya nada me espanta.

¡Cómo gozo por ti, amor venido

como viene el pájaro a la rama!

Juntos tú y yo haremos nuestro nido,

juntos tú y yo tendremos nuestra cama;

que es amargo del amor el triste olvido

y es bien todo en la vida del que ama.

Tus manos

Comenzó mi salud cuando a la aldaba

de tu puerta llegué: bendito quicio,

templo de salvación, umbral propicio

que el cuenco de tus manos me guardaba.

Tus manos que me alzaron cuando estaba

agarrado a un muñón del precipicio.

Tus manos, oh tus manos, el hospicio

donde todo mi hielo se hizo lava.

Tus manos me acogieron en sagrado,

curaron mis heridas con caricias,

borraron el dolor y el desconsuelo.

Súpete al fin el ángel enviado

a regalarme un huerto de delicias,

a guiarme en mi senda por el suelo.

Caminar

A Paco Maldonado,

sin par en el denuedo.

Cuesta el camino por la cuesta o por

las zarzas o lo abrupto del terreno;

por avanzar hundiéndonos en cieno

o expuestos a los hielos o al calor .

Mas seguimos la marcha; y una flor

primorosa nos da su aliento ameno,

que no existe lo malo sin lo bueno

ni se conocen gozos sin dolor.

Caminar, caminar es lo que importa,

que sólo hacemos vida haciendo vía

y afrontar lo más arduo más conforta.

Caminar, caminar; vamos a un día

en que un dios nos recoge y nos transporta…

(Que el discreto lector escriba adónde.)

Bahía

A Federico Sierra

¡Cómo reluces, bahía,

esta mañana de enero!

Bajo tu cielo yo quiero

pedir a Santa María

que cambie la suerte mía:

que quiero ser marinero

y zarpar en un velero;

y alargar mi travesía

hasta los mares de China.

Y cuando en la mar marina

se pongan mis huesos viejos,

arribar desde tan lejos

y en tu arena hincar la quilla;

para morir en tu orilla

y alimentar los cangrejos.