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Árbol peregrino

Campos de mis paseos solitarios,

cuidad de mis amigos con ternura;

crezcan solos o formen espesura,

frutos prodiguen, se alcen suntuarios.

 

Olmos, pinos, olivos milenarios,

álamos de romántica figura,

palmeras de femínea donosura,

robles, sauces, cipreses lapidarios.

 

¿No es ser hombre ser árbol desterrado

que deambula sin norte ni camino

siempre a simas y abismos asomado?

 

Qué soy yo sino árbol peregrino,

por hojas y raíces desangrado,

siempre a la espera de mejor destino.

Y cenamos cardillos con almejas

A T y L

Una sopa excelente,

labor de un consumado cocinero;

embutidos caseros,

patés pausadamente untados en el pan

y quesos variados.

Y bebimos también: cada cual lo que quiso.

Hablamos del trabajo, de amigos y parientes;

hablamos de internáutica y de libros;

hojeando uno nuevo, bellamente ilustrado,

echamos algún rato.

Fue una grata velada.

Lo que vino después no lo recuerdo.

Sólo sé que he caído de la barca

del dulce sueño a un piélago en penumbra;

que oteo ansiosamente el horizonte

buscando las siluetas redentoras

de un tazón de café y dos aspirinas.

Comentarios detecto

A JPDF,

corazón de pianista y manos de ingeniero.

Sabe latín Gonzalo de Berceo:

nada raro en un monje,

en un medioabogado-mediomonje

del decimotercero

siglo después de Cristo;

y hace traducciones comentadas

de beatas historias escritas en latín:

“Milagros de la Virgen”, “Vida de San Millán”…

Traducciones en verso alejandrino.

Y en verso alejandrino, siete siglos más tarde,

comentará los versos de Berceo

don Antonio en sus “Campos de Castilla”:

“Su verso es dulce y grave: monótonas hileras

de chopos invernales en donde nada brilla”…

Ha pasado otro siglo. A mis alumnos

aspirantes a bachilleres toca

comentar a Machado:

“Son versos extraídos

de la antropología de poemas

de Machado contubo matrimonio”…

Y este profe comenta con paciencia

ante frutos tan agrios:

“Son nuevos. Como el vino

habrán de ser curados por el tiempo.”

Pasan dos lunes, pasan veinte lunas;

y un lector despistado e improbable

se topa de narices con mi blog,

el blog del profesor (o del maestrillo).

Lee estos pobres versos que quisieron ser prosa

y antes de acabar ya se dispone

a buscar distración en otra web.

¡No lo hagas, detente, coméntame primero!

Que no existo si nadie me comenta…

¡Comenta, escribe, exponte al comentario;

y vive para siempre en la palabra!