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Las puertas de la pandemia

PEDRO JORDANO

EL MUNDO. Jueves, 16 abril 2020

 

El virus SARS-Cov-2 y su efecto principal, la pandemia de Covid-19, no tiene precedentes en su acción -es nuevo para la ciencia, al igual que lo fue el SARS-Cov de 2003-, pero sí en su forma de expansión y en su dinámica de infección. Muestra analogías con otras pandemias que ha sufrido la humanidad, especialmente en los últimos 50 años.

¿Cuál es su origen último?

La mayor parte de las pandemias tienen origen zoonótico: virus (u otros microorganismos como bacterias, protozoos, etc.) que normalmente se hospedan en animales saltan a humanos en ciertas condiciones. Causan las llamadas enfermedades zoonóticas, o zoonosis. Entre ellas están VIH/sida, gripe H1N1, gripe aviar, Lyme, rabia, Zika, West Nile, malaria, Hantavirus, ébola, etc. Normalmente no hay efectos negativos en la especie hospedadora que aloja a los virus en condiciones naturales, pero al pasar a humanos sí puede iniciar patologías. Es lo que se conoce como spillover, la excedencia del virus a nuevos hospedadores, humanos en este caso. ¿Cuándo acontece?

No hay muchas especies de vertebrados que sean hospedadores de virus potencialmente zoonóticos. Pero realmente no lo sabemos con certeza, porque desconocemos la biodiversidad de los virus en la naturaleza, al igual que desconocemos cuántas especies de seres vivos hay en el planeta. Estimamos que conocemos sólo un 1% de los virus existentes; y que seis de cada diez de nuestras enfermedades infecciosas (no sólo por virus) tienen origen zoonótico. Ahora bien, se estima que sólo un 0,1% de todos los virus con potencial patogénico para humanos han pasado ya realmente de animales al hombre. O sea, no cabe duda de que tendremos más pandemias causadas por nuevos virus. Por el momento, son unas 220 especies de virus (los virus son mejor definidos como cuasi-especies, grupos complejos de genomas no-idénticos) las registradas como patogénicas en humanos.

En 2013, S.J. Anthony y otros investigadores de la alianza EcoHealth buscaron sistemáticamente todos los virus hospedados por una única especie: el zorro volador índico, el gran murciélago que es portador del virus Nipah, causante de varias pandemias desde 1999; de 55 virus diferentes encontrados, 50 eran nuevos para la ciencia y 10 de ellos del mismo grupo que el Nipah, pero desconocemos su efecto en humanos. Si esa fuese una diversidad típica de virus hospedados por cada una de las casi 5.500 especies de mamíferos, una estimación conservadora (y muy probablemente errónea) de la diversidad de virus en estos vertebrados sería 320.000 especies, y no menos de 3,2 millones si nos atrevemos sólo a extrapolar a las algo más de 62.000 especies de vertebrados conocidas.

Un catálogo de la biodiversidad de virus sería útil por su interés médico y para aplicaciones en veterinaria y sanidad animal y vegetal. Pero en la lista más actualizada de la Comisión Internacional para la Taxonomía de los Virus, encontramos enlistadas sólo 5.520 especies; aún nos falta mucho por conocer de la biodiversidad vírica. Los virus juegan un papel fundamental en el equilibrio de muchos ecosistemas, pero no tenemos una lista de virus potencialmente infecciosos para humanos simplemente porque aún no hemos prospectado bien su biodiversidad natural. No obstante, hay esfuerzos recientes en esa dirección. Por ejemplo, la Agencia de EEUU para el Desarrollo Internacional (USAID) estableció su programa de Amenazas Emergentes Pandémicas (EPT) en un esfuerzo para identificar y responder a nuevas enfermedades zoonóticas antes de que se propaguen a los humanos. En su subprograma PREDICT, que lleva operativo ocho años en 30 países, buscan identificar nuevas enfermedades infecciosas emergentes que podrían convertirse en una amenaza para la salud humana.

Los científicos de PREDICT ubican su investigación en puntos críticos geográficos y se centran en la vida silvestre que es más probable que transmita enfermedades zoonóticas: murciélagos, roedores, aves, y primates no humanos. PREDICT estima que existen aproximadamente 1,6 millones de especies víricas sólo en aves y mamíferos, de las cuales unas 700.000 podrían tener potencial zoonótico. Por su parte, siguiendo esta línea, el Global Virome Project va a emplear diez años para detectar la mayoría de amenazas víricas no conocidas de la humanidad, un objetivo factible técnicamente si se disponen recursos para ello.

La información que tenemos sobre reservorios potenciales de virus patogénicos es muy limitada pero señala repetidamente a varios grupos: primates, murciélagos, pangolines, y varios grupos de aves. El caso de los pangolines es llamativo: de las ocho especies existentes en África y en Asia, cuatro están en peligro crítico de extinción y el resto, vulnerables o amenazadas. Son cazadas y comercializadas pese a la regulación y prohibición de su comercio en numerosos países, habiéndose cazado más de un millón de individuos en los últimos diez años; son la especie más comercializada ilegalmente en el mundo. En ellas se han encontrado recientemente los coronavirus más similares al SARS-Cov-2. Pero, cuidado, la fauna no es el problema. La verdadera raíz del problema es el modo perverso en que nos conectamos con estos animales: llevados al exterminio por el consumo de su carne y la superstición de que sus escamas de queratina (la proteína que forma nuestras uñas) tienen un valor curativo según la medicina tradicional china. Muy a pesar de que varios tratados de medicina china tradicional, de los años 652, y posteriormente en 1518, recomendasen no usar bajo ningún concepto esta especie. Tanto China como otros muchos países precisamos un mejor control de los canales de suministro y demanda de animales silvestres, tanto para su comercio, consumo, o su tenencia como mascotas.

Algunos virus son viejos enemigos nuestros. Los rinovirus resfriaron a los antiguos egipcios, y los retrovirus endógenos invadieron los genomas de nuestros ancestros primates hace decenas de millones de años. Otros virus son más jóvenes. El VIH, por ejemplo, se convirtió en un virus humano hace aproximadamente un siglo. Y otros apenas comienzan a afectarnos, desencadenando brotes y temores de nuevas plagas mundiales. Si cerramos puertas a esta excedencia o derrame desde los reservorios naturales, no ocurrirían estos trasvases de enfermedades. Pero hemos abierto muchas veces esas puertas. Una vez abiertas, con más de 7.500 millones de personas en la Tierra, con una movilidad capaz de conectar los rincones más recónditos en pocas horas, las condiciones para el trasvase de patologías están garantizadas. La humanización de hábitats naturales, la deforestación, el comercio y tráfico de animales silvestres para consumo humano sin regulación, la sobreexplotación ganadera de áreas silvestres, y otras muchas acciones crean condiciones ideales de contacto para que se abran estas puertas a las zoonosis.

Una pandemia grave, global, no debería ser el incentivo que precisen los gobiernos y los políticos para actuar; es necesaria una actitud proactiva frente a las enfermedades emergentes. Deberíamos estar mejor preparados, conociendo mejor nuestro planeta a través de la ciencia para detectar a tiempo los puntos calientes donde puedan abrirse esas puertas siniestras de la enfermedad. Entre tanto, prohibir tajantemente el comercio, tráfico, caza y venta de animales silvestres no sólo para alimento, también como mascotas. El problema no es que estos animales sean portadores: no podemos matarlos a todos para evitar el contagio; simplemente, dejémosles tranquilos, protegidos con una legislación que sea efectiva. Los datos y la historia nos dicen claramente que se han abierto repetidamente estas puertas como consecuencia del uso abusivo de los recursos naturales, de esa relación tóxica con el mundo natural que insistimos en mantener y que debemos revisar urgentemente si no queremos una humanidad abocada a pandemias.

Pedro Jordano es profesor de investigación del CSIC en la Estación Biológica de Doñana y profesor asociado de la Universidad de Sevilla. Actúa como secretario del jurado del Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Ecología y Biología de la Conservación.

 

Las vacunas de Bill Gates

Las vacunas de Bill Gates para acabar con el coronavirus: los 3 pasos a seguir para superarlo

EL MUNDO. Domingo, 12 de abril de 2020

 

Recientemente he hablado con docenas de expertos en coronavirus y hay varias cosas claras, que la enfermedad preferiblemente mata a los ancianos, en comparación con los jóvenes; principalmente hombres, en comparación con mujeres; pero sobre ataca a los más necesitados. Sin embargo, no he encontrado evidencia de que el Covid-19 haga distinciones de nacionalidad: no conoce límites.

Problema planetario, soluciones globales.

Me gustaría enfatizar esto porque desde que el mundo se dio cuenta del virus a principios de enero, los gobiernos se han comprometido a responder a una necesidad nacional: ¿cómo proteger a los ciudadanos que viven dentro de nuestras fronteras? Es entendible. Pero los jefes de Gobierno deben admitir que mientras el Covid-19 continúe aumentando, el problema se extiende a todos los habitantes del planeta.

Los países pobres

Hasta ahora, el coronavirus ha obviado a muchos países pobres o en desarrollo, y no se sabe exactamente por qué. Sin embargo, sabemos que la infección se extenderá tarde o temprano incluso allí. Y en ausencia de ayuda, el número de enfermos y víctimas alcanzará niveles nunca antes alcanzados. Pensemos: el Covid-19 ha puesto de rodillas a una ciudad como Nueva York, pero los datos confirman que un solo hospital de Manhattan tiene más camas de cuidados intensivos que la mayoría de los países africanos. Hoy millones de personas están en riesgo.

Tres medidas para los jefes de Gobierno

E incluso si las naciones ricas logran frenar la propagación de la enfermedad en los próximos meses, el coronavirus podría volver a golpear si la pandemia se extiende a otras áreas del mundo. Una parte del planeta podría infectar a la otra varias veces: es sólo cuestión de tiempo. Para esto necesitamos desesperadamente una estrategia global, conscientes de que las formas de combatir el virus tendrán que cambiar con la evolución de la pandemia. Pero hay al menos tres medidas que los jefes de Gobierno, especialmente los del G20, pueden tomar sin perder tiempo. La primera es asegurarse de que los recursos del mundo se distribuyan de manera efectiva. Hablamos de máscaras, guantes y pruebas de diagnóstico. Sin embargo, sabemos que las reservas son limitadas y, por lo tanto, deben tomarse decisiones inteligentes de manera inteligente.

Acuerdos

El consenso está comenzando a converger en algunos puntos. Por ejemplo, que los sanitarios que están en primera línea deben ser los primeros en someterse a pruebas de diagnóstico y recibir todo el equipo de protección personal. A escala global, sin embargo, ¿cómo se hace la elección? ¿Cómo se distribuyen las máscaras y las pruebas de diagnóstico en una comunidad o nación en comparación con otras? La respuesta se traduce en otra pregunta muy desconcertante: ¿quién está dispuesto a ofrecer más? Personalmente, aunque soy un firme defensor del capitalismo, soy el primero en reconocer que en una pandemia, los mercados no funcionan de la mejor manera, y el ejemplo más dramático es el mercado de suministros que salva vidas. El sector privado juega un papel importante,

Recursos

Los recursos deben desplegarse en función de las emergencias médicas y de salud pública. Tenemos muchos expertos, capacitados en las epidemias de Ébola y VIH, listos para ayudarnos a elaborar pautas para lograr el objetivo. Y los jefes de Estado de los países desarrollados y emergentes deben trabajar junto con la OMS y sus socios para ponerlos en blanco y negro. En ese punto, las naciones participantes deberán acordar públicamente las directivas a seguir, asumiendo sus responsabilidades. Estos acuerdos serán particularmente importantes cuando esté disponible una vacuna para el Covid-19, porque sólo a través de la inmunización se pondrá fin a la pandemia.

El segundo paso

De esta consideración surge el segundo paso esencial: los jefes de Gobierno tendrán que asignar los fondos necesarios para la investigación médica para el desarrollo de una vacuna. En la dramática historia del Covid-19, los destellos de optimismo han sido raros, pero el principal sin duda se refiere a la ciencia. Hace tres años, nuestra fundación Wellcome Trust, con el apoyo de algunos gobiernos, lanzó la Coalición para las Innovaciones en Preparación Epidémica (Cepi), un consorcio para financiar proyectos de investigación para el desarrollo de vacunas contra enfermedades infecciosas emergentes. El objetivo era acelerar el proceso de prueba de vacunas y financiar las metodologías más rápidas e innovadoras para su desarrollo. Si un nuevo virus hubiera comenzado a dar la vuelta al mundo, nos habría encontrado preparados.

El desarrollo de una vacuna para el Covid-19

Cepi ya está trabajando en el desarrollo de ocho potenciales y nuevas vacunas para el coronavirus y los investigadores confían en que una de ellas estará lista en los próximos 18 meses. Sería un verdadero récord para

la humanidad pasar de identificar un nuevo patógeno a desarrollar una vacuna en tan poco tiempo. Pero esto, por supuesto, depende de la financiación. Aunque muchas naciones han contribuido con Cepi en las últimas dos semanas, el consorcio necesita al menos 2.000 millones de dólares. Esta es una suma aproximada, porque la innovación es impredecible y los líderes del G20, llamados a contribuir generosamente al proyecto, tendrán que darse cuenta de que la cifra se refiere al desarrollo de la vacuna, no a su producción y distribución.

Costes y el sector privado

Por lo tanto, estos pasos requerirán más planificación y nuevos fondos. Hasta la fecha, aún no sabemos qué vacuna demostrará ser la más efectiva, pero cada una requiere un compromiso tecnológico e innovador significativo. Esto significa que las naciones tendrán que invertir en varios tipos de plantas de producción, a pesar de saber que algunas de ellas nunca serán utilizadas. Existe un riesgo real de perder meses valiosos, cuando la vacuna salga del laboratorio, si las industrias no pueden producirla en las cantidades necesarias. Otra consideración importante se refiere a los costes. Si el sector privado está dispuesto a intervenir en la producción de la vacuna, no es justo que trabaje con pérdidas.

Al mismo tiempo la futura vacuna del Covid-19 deberá clasificarse como un «centro de salud global» y ponerse a disposición de todos, a un precio asequible. Afortunadamente, hay organizaciones como Gavi Alliance, que ha estado trabajando durante años para mejorar el acceso a las vacunas esenciales en los países más pobres. En los últimos 20 años, gracias en gran parte al apoyo del Reino Unido, Gavi ha trabajado con la OMS y Unicef para introducir 13 nuevas vacunas, incluida la vacuna contra el Ébola, en los 73 países más pobres. Gavi está listo para intervenir de la misma manera con la vacuna del coronavirus, pero se necesitan más fondos. Se necesitan 7.400 millones en los próximos cinco años, y solo para las campañas de vacunación en curso. Se necesitarán recursos adicionales para el acceso de todos a la vacuna del Covid-19. Estos costes pueden parecer exorbitantes en un momento que hay una parálisis económica. Pero no es nada en comparación con una vacuna incorrecta o ineficaz, o con una nueva ola de infecciones más larga.

Más inversiones

En las últimas dos décadas, he recurrido a los líderes mundiales para instar a una mayor inversión en la salud de los pueblos más pobres de la tierra, argumentando que es lo correcto. Sin embargo, las pandemias nos recuerdan que la ayuda mutua no sólo es correcta y adecuada, sino también una elección inteligente. Porque toda la humanidad no está simplemente interconectada por valores comunes y lazos sociales, también somos biológicamente interdependientes, conectados entre nosotros por una red microscópica de gérmenes para los cuales de la salud de un individuo depende la salud de todos los demás. Todos nos encontramos unidos por esta pandemia. Y unidos tendremos que combatirlo.

Bill Gates. Artículo escrito por el cofundador de Microsoft, ahora presidente de la Fundación Bill y Melinda Gates, en el Corriere della Sera.

Hay que tomarse la Constitución en serio

https://elpais.com/elpais/2020/04/09/opinion/1586420090_736317.html