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Los huesos

MÓNICA F. ACEYTUNO

ABC. Hoy.

Cada vez que se habla de memoria histórica me acuerdo de Rebeca, la niña que apareció en Macondo con los huesos de sus padres en un talego, y no sabían qué hacer con ellos, al no haber en el pueblo cementerio porque nadie todavía había muerto.

Y cuando Úrsula emprendió la reforma de la casa con lo que ganó haciendo caramelos, aquellos huesos estorbaban en todas partes a los obreros y hacían un ruido, cloc, cloc, cloc, «con su cloqueante cacareo de gallina clueca». Son tristes los huesos. Es lo más triste de nosotros. Pero imagino que una vez que se han envuelto en la tierra y en el tiempo, acaban por revivir de alguna manera, y si bien no es lo mismo que reposar en camposanto con el canto de los jilgueros que anidan en los cipreses, al menos tal vez germinen sobre la tierra que cubre la osamenta los cardos de flores malvas que dan unas semillas que encantan, precisamente, a los jilgueros.

No creo que yo quisiera que alguien me viera de esa manera, en los huesos, después de más de medio siglo muerta. Que me arrancaran de la tierra que a lo peor no es la mía pero es donde fueron a parar mis huesos. Que me la quitaran con pincel después de haberme hecho a ella. Y que me guardaran el esqueleto en una caja de tan poco peso que podría llevar un niño, haciendo un ruido de sonajero, cloc, cloc, cloc, de mis huesos chocando unos contra los otros.

Por eso comprendo que los herederos de Federico García Lorca no deseen que exhumen sus restos. Empero acatan la ley.

Una ley que no respeta la voluntad de la familia si se trata de los huesos de un poeta.

Y que escarba la tierra como los perros en las noches blancas de luna.

La ‘Vidilla’ Olímpica

RAFAEL MARTINEZ-SIMANCAS

El Mundo. Sábado, 09 de agosto de 2008

Federer es un triste, por eso ha elegido un hotel de cinco estrellas para alojarse en Pekín. No así Nadal, que se ha quedado en la Villa Olímpica; ahí se nota quién es el número uno del mundo. La residencia de los atletas es una mezcla entre un campamento para adolescentes, la mili, y un crucero para solteros; lo del espíritu olímpico está muy bien pero la carne mortal está hecha para disfrutar de pequeñas metas placenteras. Una de esas maravillas es el intercambio de culturas y el roce multirracial, asunto de notable importancia cuando se trata de cuerpos que han trabajado la perfección. Una fiesta de atletas es como si las esculturas del taller de Lisipo salieran a tomar unos zumos, (memorable es su atleta rascándose el antebrazo).

Federer prefiere la decadencia de un salón con el hombre del piano, un ocaso para ricos en los que Liszt suena a Richard Clayderman. En cambio, Nadal desayuna con el equipo de voley playa brasileño. Con perdón: otra cosa. La residencia de los atletas tiene mucho de Vidilla Olímpica, con faunos con pies de tanguista y sirenas de piscina, con amazonas que tiran con arco, gigantes de la canasta, acróbatas del suelo liso y ninfas de danza acuática sincronizada. Seguro que Fernando Alonso cedía gustoso parte de la potencia de su coche para quedarse con un solo caballo y participar en hípica. Medallero aparte, en una residencia con atletas jóvenes hay mucho movimiento en horizontal, llegada la noche hasta los jueces de silla pierden el rigor de la mirada. En ningún otro sitio es más fácil el ligue, allí sólo tienes que preguntar: «¿esprintas o resistencia?», y luego surge un diálogo fluido.

Decía Ramón que en los hoteles de cinco estrellas te cambian cinco toallas cada cinco minutos. Federer va a ser el más limpio de Pekín pero el Barón de Coubertin no destacaba la higiene como virtud de los competidores. Con menos toallas se puede ser el número uno, caso de Nadal, que podrá intercambiar gel y cremas con las majas que ayer desfilaban en ceremonia inaugural y de sonrisa plena. No todo en esta vida va a estar sujeto al cronómetro, también cuenta la participación, que es un sustantivo que incluye el conocimiento y la proximidad. Esos mismos cohetes que lucieron en la inauguración también brillan en las fiestas privadas de los barracones. Ya que Nadal está en China tendrá que hacer honor a los inventores de la pólvora y disfrutar del carpe diem en terreno que presume de milenario. Luego vendrán las prisas de las despedidas y esa loca costumbre de anotar teléfonos en servilletas.

Aparte del oro, la plata y el bronce, en Pekín hay otros objetivos que conquistar. Más allá del himno y el aplauso están los trofeos que se murmuran en la oreja y los premios que se quedan en la piel. La pasión tiene sus reglas, sus finalistas, y premia a los audaces.

Que el Gobierno actúe ya contra la impunidad

ROSA DIEZ

El Mundo. Lunes, 04 de agosto de 2008

Quiero compartir con ustedes la desazón que me produjo la concentración convocada por Dignidad y Justicia en Alderdi Eder, en San Sebastián, el sábado último. Eramos muy pocos, para qué lo vamos a negar. Teniendo en cuenta la infamia, la enorme ofensa que se ha infligido a las víctimas, es difícil de explicar la soledad. Eran muchos más los que salieron a recibir al asesino que los que nos acercamos a honrar la memoria y la dignidad de todos, de las víctimas en primer lugar.

La gente de bien estaba a sus cosas: en la carrera ciclista que justo salía de allí mismo (costaba llegar a la cita, porque todo estaba cortado); ocupados en su paseo soleado; en su terraza tomando el aperitivo; paseando lánguidamente y mirando escaparates; caminando frente al magnífico mar y observando a los bañistas que abarrotaban las playas del centro de la ciudad… Pilar Elías, Pilar Ruiz, Estíbaliz Garmendia, Cristina Cuesta o Rubén Múgica sólo merecieron el acompañamiento de no más de 20 o 30 ciudadanos que no podían tolerar que ese asesino volviera impune ante la pasividad de la sociedad. Yo sabía que iba a ser un acto testimonial, pero nunca pensé que tanto. Los ciudadanos no aprobamos ayer el mínimo test de ciudadanía, compromiso y solidaridad activa con las víctimas de ETA.

Asumido esto, quiero poner el foco en lo que le corresponde hacer al Gobierno. No me pararé a analizar su posible responsabilidad en el «cúmulo de chapuzas» -como bien ha dicho Maite Pagazaurtundúa- que ha llevado a este terrorista a salir de prisión. Lo que me interesa es evitar que se escuden -para no actuar- en falsos debates sobre la necesidad de aplicar las leyes, como si fuera eso lo que hoy está en cuestión.

Desde que se vio como inevitable que de José Ignacio de Juana Chaos saliera de prisión y se fuera a vivir a San Sebastián hemos escuchado a distintos miembros del Gobierno expresar la «repugnancia» (María Teresa Fernández de la Vega) o el «desprecio» (José Luis Rodríguez Zapatero) que sienten hacia el terrorista, a la vez que nos explican compungidamente (lo hizo el presidente) que la grandeza del Estado de Derecho reside en el cumplimiento de las leyes. Huelga explicarle que el objetivo de las leyes es la administración de la Justicia; y que una democracia es más grande cuanto más justas sean las leyes que aplica. De la misma manera que huelga explicar que, ni ahora ni nunca, se trata de hacer leyes «que respondan a la sensibilidad ciudadana», como ha propuesto el PP (María Dolores de Cospedal); que de lo que se trata es de revisar aquellas leyes que, aun siendo democráticas, no producen el objetivo de la justicia para la que fueron promovidas. O sea, que terminan siendo injustas.

Al coro de miembros del Gobierno queriendo tranquilizar a los ciudadanos se sumó el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, quien llegó a afirmar que a De Juana «no le iban a pasar ni una». Bueno, pues ya se están retrasando. Porque el terrorista mandó una carta a quienes le esperaban para recibirle en San Sebastián -publicada íntegramente en Gara- que, inexcusablemente, merece la actuación urgente de la Fiscalía.

Esa carta, escrita con un lenguaje alambicado y cuidadoso, es toda una exaltación de ETA y una precisa y orgullosa reivindicación de su pertenencia a ETA. En ella utiliza la expresión errepresaliatu politikoak para dar vivas a los presos de ETA, término que ha sido acuñado desde hace muchísimo tiempo en Gara y en todos los zutabes -boletines internos- de ETA. Por si alguien tuviera alguna duda, en la propia crónica de Gara se denomina a De Juana «represaliado político». Y es porque desde hace muchísimo tiempo a los delincuentes de ETA (o sea, a los terroristas) en su mundo les llaman represaliados o presos políticos.

¿A qué espera la Fiscalía para actuar? ¿A qué espera el Gobierno para dar instrucciones a la Fiscalía General del Estado? ¿A esto le llama el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero «no dejarle pasar ni una» a De Juana Chaos? ¿No le parece que es exaltación del terrorismo (exaltar a los terroristas es exaltar a la banda) dar vivas de forma explícita a quienes están presos por ser criminales terroristas?

De la exaltación a la apología hay un paso. Vitorear a quienes han hecho de la destrucción de la democracia y del asesinato de los demócratas su forma de vida bien merece una reacción por parte de los poderes del Estado. Hay cosas que podemos y debemos hacer los ciudadanos, aunque, como dije antes, no siempre estemos a la altura de las circunstancias. Pero esto sólo lo puede hacer el Gobierno y los poderes del Estado. A ellos les increpo: ¿A qué esperan para actuar?

Rosa Díez es diputada y portavoz de Unión, Progreso y Democracia (UPyD).