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«Las cosas se han hecho mal y deben volver a su cauce»

POR LA LENGUA COMUN / LUIS ALBERTO DE CUENCA / Filólogo y poeta

DAVID SANZ EZQUERRO. El Mundo, jueves, 03 de julio de 2008

MADRID.- Cuenta con una dilatada carrera literaria y también ha ocupado importantes cargos públicos en el ámbito de la cultura. Luis Alberto de Cuenca ha sido director de la Biblioteca Nacional de España y del Instituto de Filología del CSIC, así como secretario de Estado de Cultura. Es uno de los firmantes del Manifiesto por la Lengua Común y considera que tanto el Gobierno actual como los anteriores han mirado para otro lado ante el problema lingüístico en España.

Pregunta.- Algunos niegan que exista un problema real.

Respuesta.- Si no existe ningún problema, ¿entonces por qué hay madres de colegios del País Vasco, de Cataluña o de otras partes de España que han denunciado la imposibilidad de que sus hijos reciban educación en castellano? Por no hablar de las multas a los comercios por rotular en castellano, que me recuerdan a las que se ponían en el primer franquismo de los años 40 cuando aparecía la cartelería en catalán.

P.- ¿La defensa del castellano perjudica el bilingüismo?

R.- No hay que confundir el bilingüismo real con el monolingüismo de la lengua periférica. Es deseable que en Cataluña todo el mundo pueda explicarse en catalán, pero las familias tienen todo el derecho a exigir la educación en castellano. Hay que apoyar las lenguas periféricas, pero no hay que olvidar que constitucionalmente el castellano es la lengua común de todos y no puede soslayarse su existencia desde el punto de vista oficial.

P.- ¿Cree que el castellano ha sido desatendido?

R.- Hemos construido una sociedad que no ha atendido a los principios más elementales de la cultural general. Por ejemplo, en el uso de los topónimos. En catalán no dices Zaragoza, sino Saragossa, y si se habla en español no puedes decir Girona, sino Gerona. Estas cosas se colaron en un momento de bajas defensas por parte de la Administración central, y ahí tenemos la consagración de Ourense y Girona para todos. Hasta tal punto estamos en el confusionismo que denominamos a la lengua vasca euskara. Cuando se habla de vascuence incluso a uno le llaman fascista. Es una cosa absurda.

P.- Pero esta situación no se produce de un día para otro.

R.- Efectivamente, los gobiernos anteriores miraron para otra parte cuando se estaban conculcando derechos fundamentales. Creo que las cosas se han hecho mal desde el principio y deben volver a su cauce. El castellano tiene que desarrollarse por lo menos en los mismos niveles que las lenguas vernáculas.

P.- ¿Qué opina de la reacción de los políticos al Manifiesto?

R.- Rosa Díez ya está moviéndose para intentar llevar al Parlamento una iniciativa y el PP también ha respondido muy bien. Hoy por hoy, esos partidos son los únicos que pueden representar nuestras peticiones. La reacción desde el Gobierno ha sido seguir con la misma tónica de los últimos años, que es mirar para otra parte y repetir los mismos argumentos de los nacionalistas.

P.- Les han acusado de estar movidos por un afán partidista.

R.- La iniciativa no es ideológica, ni mucho menos. Desde fuera del ámbito político, incitamos a los cargos públicos a poner remedio a una situación que nos parece objetivamente injusta. Lo que nos guía es un anhelo de libertad y de igualdad para todos los ciudadanos españoles.

El Ebro como metáfora

ISABEL SAN SEBASTIÁN

EL MUNDO, hoy.

Pocos ejemplos ilustran tan bien el grado de despropósito alcanzado por la política territorial en nuestro país como el referido al agua y a la demagogia que rodea su gestión. Tan es así, que el Ebro se ha convertido en la metáfora perfecta del catastrófico desbordamiento que padece el Estado de las Autonomías.

La España mediterránea sufre sed, no tiene con qué regar sus naranjos o sus huertos y se ve obligada a emplear literalmente el cuentagotas a fin de ahorrar el preciado líquido en sus regadíos, mientras la cuenca del río que no sólo da nombre a la península, sino que podría abastecer con su cauce las necesidades de todos, es víctima de las enésimas inundaciones. Y lo peor es que muchos de los que contemplan esas imágenes en televisión se alegran de la desgracia ajena. Se alegran, sí (dejémonos de disimulos) de ver cómo son rescatados de sus casas anegadas aquellos a quienes atribuyen la mezquindad de no querer cederles el agua que a ellos les sobra, cuando la realidad es que se trata de una batalla política, completamente ajena a quienes pagan los destrozos a ambos lados de la trinchera.

Quiero creer que ni los aragoneses de a pie desean mal alguno a los murcianos o los valencianos ni éstos experimentan el menor placer al contemplar la explanada de la Expo de Zaragoza convertida en una piscina. Dejo aparte a los dirigentes catalanes y su Generalitat, porque ellos resuelven el problema mediante eufemismos de quita y pon, dependiendo de la generosidad del cielo con las lluvias. Los demás aspiramos a que nuestros gobernantes sean capaces de paliar tanto la sequía como las inundaciones recurriendo a los mecanismos que brinda el progreso; esto es, mediante las infraestructuras necesarias para trasvasar agua de un sitio a otro, de manera que se pueda cubrir el cien por cien de la demanda y evitar peligrosos sobrantes. En otras palabras; llevando a efecto el difunto plan hidrológico, arrumbado exclusivamente por razones partidistas.

Sin embargo, el grado de sectarismo alcanzado por algunos a rebufo del nacionalismo victimista les ha llevado a convertir algo tan español como el río Ebro en bandera de sus frustraciones. Los líderes socialistas aragoneses (y también alguno del PP, movido por el viento dominante) se han agarrado al Ebro como otros a su lengua vernácula, al grito de «¡nos quitan lo nuestro!», que, como es público y notorio, es un reclamo tribal muy del gusto de los electores. A CiU, el PNV, ERC o Batasuna / ETA lleva décadas funcionándoles. Y así nos va, unos sin una gota y otros empapados hasta el cuello, mientras ellos se forran a sacar votos.

Un sainete absurdo, grotesco, que nos sale por un pico.

La religión de la apariencia

MARTÍN PRIETO

El Mundo. Lunes, 02 de junio de 2008

Somos lo que creemos ser, lo que los demás creen que somos y hasta lo que pudimos ser y no fuimos. Lo importante es cómo nos ven, misterio que no resuelven las agencias de imagen y que no desvelan los sondeos de opinión. Como en las viñetas, ya las mujeres de Atapuerca debieron adornarse la cola de caballo con un hueso, y siempre los hombres han pretendido influir en la decisiva visión ajena; pero mudan los caprichos y hoy no serían dirigentes de masas un obeso alcohólico como Churchill o un poliomielítico como Roosevelt. La mitad de Obama es su flacura, esa forma elegante que tienen los negros de mover las manos y la visión de un mulato cosmopolita criado en un país islámico. Más vale caer en gracia que ser gracioso.

La valoración que de nuestros políticos da el Centro de Investigaciones Sociológicas es desconcertante. El continuado aprecio de los españoles por la vicepresidenta, Fernández de la Vega, es un arcano. Gracias a su suerte o habilidad nunca se ha publicado de ella una biografía mínimamente crítica, desde su infancia privilegiada a sus oropeles judiciales. Será muy simpática en la privacidad, pero se dirige a los ciudadanos en un tono didáctico regañón, insufrible, como si no entendiéramos nada o le debiéramos algo. Quizá valoremos su aspecto anoréxico, el epatante vestuario o sus banales giras africanas repartiendo buenismo entre las negras. Trabaja mucho, pero no se sabe si para procurar el bien de todos.

Carme Chacón resulta más apreciada que el propio Zapatero. No se sabe si por catalanista o por cómo susurra «¡Viva España!» en las paradas. Como ministra de Vivienda hizo un proyecto de retales para un cajón, y en Defensa está inédita. Me malicio de que la alta consideración que merece se debe a sus viajes embarazados a Afganistán y el Líbano. En eso, el mejor hombre nunca la podrá emular, damos en el feminismo biológico. La gestación como rédito político para consumo del pensamiento débil. ¿Y qué suponemos de Cristina qué? Parece que es ministra de Ciencia e Innovación, e innova con aprobado alto entre los españoles que no conocen ni su voz y menos lo que pretende hacer.

Como representantes de otras ministras desaparecidas en combate destacan la de Igualdad, que no tiene ni sede, y la de Vivienda a la que mandan a los actos oficiales para que vayamos conociendo su aire impávido a la familia Adams. Parece la ministra del Nicho.El lema del Estado Mayor alemán: «Ser antes que parecer». Aquí, todo lo contrario.