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Aficionado

Si tus versos no aportan

un consuelo, un consejo, una sonrisa,

algo que ayude a alguien,

no los publiques.

Sin hambre no hay manjar que sepa bien

Hoy escribo un pastel de berenjenas

al que voy a invitarte, Garcilaso.

Verso a verso, sin prisa, paso a paso,

que la prisa estropea las faenas.

Dos, no más, berenjenas superbuenas

(que de qué súper son no viene al caso);

queso en lonchas e hilado; un cuenco raso

de tomates sin piel; y de las venas

de los olivos de esta Andalucía,

el oro en que se funden las sustancias.

Lo introduzco en el horno del hogar;

y, atento a la cocción, sigo la guía

del crono, que controla las estancias.

¡Listo ya! Garcilaso, ¿tienes hambre?

Pues bendiga tu hambre este manjar.

Mudo

Me es tan valiosa la palabra

que estoy a punto de quedarme mudo.

Voy a hablar, pero me paro, dudo

y algo me impide que la boca abra.

Mi razón su discurso labra y labra,

mas siempre síguele sonando rudo.

Cesa, razón, que ya a la magia acudo:

¡Que se abra mi voz: Abracadabra!

Y sale una canción. Que no la entiende

nadie; y ni siquiera yo la entiendo.

Uso el tacto, el gesto, la mirada.

La palabra es tesoro que defiende

un ángel que su espada está blandiendo.

Así que mudo soy. No digo nada.