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PS mata a PSOE

Pedro Sánchez, Pedro Sánchez,

te manipula tu orgullo.

Te crees el estadista

mejor, el número uno.

Te imaginas en la cúspide

de la gloria, tu futuro

para ti es tu apoteosis.

Y sólo eres un forúnculo

que le ha salido al Partido.

El Partido: ¡cómo pudo

darte la llave maestra!

Pero tú eres un iluso

y crees que es para siempre.

Pasará un año —calculo—

antes de que te des cuenta

de que te niegan los tuyos,

y de que unas Elecciones

te han convertido en difunto.

Jean-Claude Juncker: «El populismo…»

http://www.elmundo.es/internacional/2018/09/13/5b996751468aeb844f8b4646.html

En la lección 14

En el libro de las 21 lecciones de Harari, voy leyendo por la 19. Quizá lo mejor que podría hacer ahora mismo es seguir leyéndolo hasta terminarlo. Más que nada, para poder empezarlo a leer otra vez desde el principio, porque los buenos libros no son de usar y tirar, no son de una única lectura, los apreciamos más y entendemos mejor cuanto más los leemos.

En la lección o capítulo 14 habla Harari de «El ideal laico», y comenta algo así como las virtudes cardinales del laicismo, que, según su visión, son seis: VERDAD, COMPASIÓN, IGUALDAD, LIBERTAD, VALENTÍA y RESPONSABILIDAD.

Creo que, a pesar de que mi memoria no es ni mucho menos lo que era, no olvidaré su enumeración, lo mismo que no he olvidado la enumeración de las cuatro virtudes cardinales del catecismo, que seguramente aprendí antes de hacer la primera comunión, a los siete años: PRUDENCIA, JUSTICIA, FORTALEZA y TEMPLANZA. Por supuesto, a aquella edad yo repetía el mantra de las cuatro palabras sin saber lo que significaba ninguna de ellas. Era el método de enseñanza de los curas: tú ahora apréndete el catecismo, y ya lo irás entendiendo, poco a poco. Quizá no era un mal método.

¿Qué hay de común entre la formulación de Harari y la del catecismo católico de hace sesenta años? La preocupación por la condición moral del hombre, de su atención permanente  a lo que ‘está bien’ (es honesto) y a lo que ‘está mal’ (es deshonesto).

Si perdemos esa condición, porque todo nuestro yo lo llena nuestro instinto hedonista, nos convertimos en individuos inmorales. Y si este tipo de individuos predomina en una sociedad, esta es una sociedad desmoralizada, que podría avanzar por unos derroteros terribles para la humanidad.

No perdamos nuestro sentido moral. Y sigamos leyendo a Harari.