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Los dilemas de la investidura

Javier Tajadura Tejada. EL MUNDO, 06-08-23

Las elecciones del pasado 23 de julio han abierto un escenario político de complicada gestión y en el cual el éxito de la investidura de un nuevo presidente del Gobierno dista mucho de estar garantizado. En este confuso escenario, resulta incomprensible que el presidente en funciones haya pospuesto su reunión con el líder del PP para después del 17 de agosto, una vez que se hayan constituido las nuevas Cortes. Las principales fuerzas políticas del país, que juntas suman 258 diputados de los 350 que integran la Cámara, deberían iniciar de inmediato las conversaciones y negociaciones para afrontar una investidura exitosa. Esta falta de interlocución es una señal peligrosa de que el procedimiento de investidura puede resultar extremadamente convulso.

En este contexto, conviene recordar la regulación constitucional de este procedimiento (art. 99 CE). Sus protagonistas son los partidos políticos con representación parlamentaria. A ellos les corresponde llevar a cabo las negociaciones y acuerdos tendentes a forjar una mayoría que respalde a un candidato. El procedimiento se canaliza a través del jefe del Estado, con la asistencia del presidente del Congreso de los Diputados, quien por imperativo constitucional (art. 64 CE) debe refrendar la propuesta de un candidato a la Presidencia.

La primera tarea del presidente del Congreso que resulte elegido tras la constitución de las Cortes el próximo 17 de agosto será entregar al Rey la relación de los portavoces designados por todas y cada una de las fuerzas políticas que hayan obtenido escaños, para participar en las denominadas «consultas regias». En estas consultas, el Rey se reúne con todos ellos -por orden de menor a mayor representación- a los efectos de que los distintos portavoces le indiquen a qué candidato a la Presidencia del Gobierno (Feijóo, Sánchez, ninguno de ellos u otro distinto) están dispuestos a apoyar. De esta forma, el Rey centraliza y constata oficialmente una información capital: el resultado previsible de la votación de investidura. Con esos datos, desde la más absoluta neutralidad partidista -y con el refrendo del presidente del Congreso-, propone como candidato a quien cuente con más posibilidades de ser elegido.

Conviene subrayar -porque algunos han sostenido lo contrario- que dicho candidato en modo alguno tiene que ser el líder propuesto por el partido más votado o que disponga de más escaños. La tesis de que el Rey tiene que proponer al candidato de la lista más votada no puede ser admitida por dos razones.

La primera, por ser incompatible con la lógica del régimen parlamentario. En una democracia parlamentaria es perfectamente posible (y así ocurre en muchas comunidades autónomas, como recientemente se ha comprobado en Extremadura) que resulte elegido presidente un candidato con el apoyo de dos o más partidos que sumen más escaños que otro candidato que, a pesar de ser el líder de la lista más votada por los ciudadanos, tenga un menor respaldo parlamentario.

La segunda razón es que la existencia de una tal obligación del Rey de proponer al líder de la lista más votada resultaría contradictoria con el propio procedimiento, puesto que en ese caso no sería necesario celebrar las consultas.

El diseño constitucional del procedimiento es impecable, pero la deslealtad de los partidos puede llegar a complicarlo mucho. En primer lugar, partidos que han obtenido representación pueden negarse -como ha ocurrido en el pasado- a participar en las consultas. Se trata de un comportamiento anticonstitucional que no reviste sanción y que se suple por el hecho de que el Rey puede conocer por otras vías la posición de estas fuerzas. En segundo lugar, y este es un problema de mucha mayor gravedad, puede ocurrir que ninguno de los candidatos que se ofrecen al Rey tenga respaldos suficientes para ser investido ni siquiera en una segunda votación por mayoría simple. Esto es, que los partidos no hayan hecho sus deberes.

En ese caso, se le abrirían al Rey dos opciones, ambas compatibles con la absoluta neutralidad que caracteriza el desempeño de su magistratura. La primera sería no proponer candidato, habida cuenta de que el enroque de los partidos hace inviable el éxito de la investidura.

La segunda opción sería proponer a un candidato para que con su investidura fallida se pusiera en marcha el «reloj electoral», en la medida en que, a partir de entonces, se iniciaría el plazo de dos meses en los que, si no se inviste a un presidente del Gobierno, habrían de disolverse las Cortes y convocarse nuevas elecciones.

En esta segunda hipótesis algunos se refieren a un supuesto dilema del Rey a la hora de designar a un candidato perdedor. Realmente, con arreglo a la lógica del sistema, quien más respaldo parlamentario posee es quien tiene la obligación de aceptar el nombramiento regio como candidato. El Rey tiene la obligación de presentar a un perdedor que no obstante puede aprovechar el discurso de investidura para intentar lograr el respaldo de fuerzas políticas que hasta entonces habían manifestado su rechazo.

Tras la primera investidura fallida, una interpretación literal, lógica y finalista del artículo 99 obliga al Rey a realizar una nueva ronda de consultas y, en el eventual caso de que otro candidato quiera intentarlo (a pesar de no tener la investidura asegurada), puede proponerlo y darle también su oportunidad. Y si también es rechazado, conviene insistir en que el Rey, con arreglo a la Constitución, no puede hacer más. A lo largo del proceso ya habrá hecho mucho, puesto que en las consultas, el Rey, aunque principalmente escucha, habrá ejercido una influencia -derivada de su auctoritas– no a favor de ningún candidato concreto, sino a favor de que los partidos alcancen un consenso que permita la investidura de un presidente.

Sea de ello lo que fuere, lo que importa subrayar es que en este complicado escenario para lograr la investidura no es el Rey el que tiene un dilema. El verdadero dilema es el que tienen los partidos políticos y concretamente los grandes vencedores de las elecciones: el PP y el PSOE. El dilema de intentar lograr el acuerdo con fuerzas extremistas -las grandes derrotadas el 23 de julio, con la sola excepción de Bildu- o de alumbrar un pacto desde la centralidad que garantice no solo la investidura de un presidente, sino la gobernabilidad durante toda la legislatura, y la posibilidad de adoptar en ella las grandes reformas (educación, pensiones, fiscalidad, financiación autonómica, regeneración institucional, etc.) que requiere nuestro país.

Hasta hoy, el PSOE de Sánchez ha afrontado este dilema de una forma incompatible con el principio de tolerancia mutua que exige la democracia e impide demonizar al adversario y convertirlo en enemigo. El PSOE no ha tenido reparos en pactar con fuerzas abiertamente contrarias a la Constitución de 1978 y a la unidad del Estado, como son ERC y Bildu, antes que con el PP. Y esta semana, a la vez que pospone la reunión con Feijóo, negocia el respaldo a su investidura con un prófugo como Puigdemont. El PP ha respondido a Sánchez con su misma moneda hasta el punto de que presentó como programa electoral «la derogación del sanchismo» y no ha dudado en pactar en varias comunidades autónomas con una formación como Vox, abiertamente antiliberal y antieuropea, cuyo referente es el autócrata húngaro, Viktor Orban.

Si Sánchez llegase a ser investido con el apoyo de una amalgama de fuerzas cuyo único nexo en común es su voluntad de destruir el orden constitucional, podríamos llegar -como advertía Lamo de Espinosa en estas mismas páginas- a un peligroso punto de no retorno y, en definitiva, al naufragio del régimen de 1978. La única alternativa posible -aritmética y programática- es la investidura de un presidente respaldado por el PP y el PSOE en torno a un programa común. Para alumbrar ese programa y forjar esa mayoría, los dos partidos deben entablar negociaciones ya.

Javier Tajadura Tejada es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad del País Vasco

Julio

1
Filología

La filología ha sido
mi línea vocacional.
El tesoro principal,
la palabra, a la que cuido
reverente. Incluso mido,
un vicio profesoral,
al paisano personal
por cómo hablando se expresa.
Cuando la lengua es espesa,
el cerebro es otro tal.

2
Hoy rebelde

Mi Santa Musa me indica
que el boli no coja hoy;
pero obediente no soy
siempre, que una migajica,
si no una parcela rica,
he de haber de independencia;
y me dicta la experiencia
que quien su propio criterio
somete siempre a otro imperio
sólo es muda menudencia.

3
Aprender

Aprender de los mejores
es obligación constante.
Lo que tienes por delante
será nadar entre flores
o sufrir los estertores
que te lleven al deceso.
Mas cada paso un progreso
hacia la sabiduría;
que tu destino te envía
en sabio correo expreso.

4
Ingenieros

Ingenieros inventores,
cuánto os debe nuestra vida;
pero nunca da cabida,
y menos gloria y honores,
nuestra memoria de lores
a vuestro merecimiento.
Cada avance, cada invento,
de vuestros magnos saberes
quita penas, da placeres
y multiplica el contento.

5
Cumpleaños

Hoy cumplo setenta y dos.
Muchos años los vividos,
muchos trechos recorridos
por los senderos que nos
han tocado. Viendo los
frutos que ha dado esta vida,
no la reputo perdida.
Y habrá que seguir andando,
sufriendo, amando, gozando
hasta que esté concluida.

6
Autobús

El ciento setenta y uno
es el que a mí me interesa.
Autobús que va y regresa
de la ciudad al montuno
lugar en que me reúno
con lo que es mi querencia,
una feliz confluencia
de hogar con alrededores.
A estos duchos conductores
mi sentida reverencia.

7
Pequeño patio

Mata de boj y ciprés.
Mismo afán de perdurar.
El ciprés, para llegar
a los cielos. El boj es
la mata humilde que ves
tan apegada a su tierra;
en su sencillez encierra
la silenciosa alegría
que el ciprés sólo querría
en el cielo al que se aferra.

8
Esta gata

La vena depredadora
se le desata a esta gata
ante un gorrión: lo mata,
lo despieza, lo devora
y lo digiere una hora.
A partir de ahí se olvida
de que ha quitado la vida
a quien su vida gozaba.
Ni se aflige ni se alaba,
sólo comió su comida.

9
Experiencia

La costa o el interior.
El trabajo o vacaciones.
Impartir unas lecciones
o que algún buen profesor,
con fundamento y rigor,
te comunique su ciencia.
La vida es una experiencia
maravillosa, infinita;
pero el que la da la quita
con completa indiferencia.

10
Trigo limpio

Merece la confianza
de vecinos y colegas.
Si ellos han visto que juegas
en lo que lo justo alcanza,
compartirán su pitanza
y su tesoro contigo.
Pero tienes que ser trigo
limpio de toda cizaña.
Pues quien una vez engaña
ya tiene mucho enemigo.

11
En la playa

Aunque soy muy de secano,
hoy me he bañado en la playa;
sin pasarme de la raya
porque sé que lo más sano
para un casi casi anciano
es no cruzar la barrera
de estar dentro y estar fuera.
Llegada el agua al ombligo,
me despatarro y bendigo
esta gloria marinera.

12
Amos siervos

Amos y siervos de casa
somos a partes iguales.
Ahora del boli te vales,
señor que la hora lasa
repantigado la pasa
en la cómoda poltrona.
Mas soltaste la fregona
hace muy pocos minutos.
Suelos, versos impolutos
deja tu mixta persona.


13
Est delenda

La estenosis, la psoriasis, la neurosis
son las tres enfermedades que me dan
la tabarra cada día de mi vida:
una dosis, otra dosis, otra dosis.
Pero nuevas pejigueras me vendrán
más ansiosas por ganarme la partida.
Mientras tanto continúo por mi senda
y repienso el ars moriendi, el est delenda.

13
Un mundo unido

Cuánta gente hace cosas importantes
en cocina, en comercio, en medicina.
Y cuánta, cuánta nos produce ruina
esa tropa de tontos arrogantes.
Lo que el futuro dé no se adivina,
mas tú estarás aquí mientras aguantes.
Quizá veas un mundo mejorado,
un mundo unido, un único Estado.

14
Mensajeros

Entre las olas del mar
y las olas del calor,
vamos echando valor
para sufrir y aguantar
lo que nos traiga el azar
en los días venideros.
Ojalá los mensajeros
nos traigan buenas noticias
y se cobren las albricias
en nuestros buenos dineros.

15
Autoridad

A Manuel Valls por su tribuna Por fin decir la verdad,
publicada en El Mundo el 10-07-23

Si no hay autoridad, cómo se forma
a niños y muchachos en virtudes.
Si no hay autoridad, tampoco hay norma
y, si la hay, sin más te la sacudes.
La firme autoridad es lo que ahorma
para afrontar las mil vicisitudes
que a prueba ponen la valía humana.
Sin firme autoridad, nada se gana.

16
La cultura occidental

Inglés, whisky, Coca-Cola,
democracia liberal.
La cultura occidental
es la bandera que enrola,
es la cultura que mola.
Una cultura que exige
al paisano que la elige
defender la libertad,
igualdad, fraternidad
:
el lema que nos dirige.

17
Comerciantes

Las puertas de los países
el comercio las abría.
Con comercio florecía
la tierra; y menos grises
eran las nubes; las misses
eran más resplandecientes.
Confundir con delincuentes
a los meros comerciantes
es lo propio de ignorantes
de cavernícolas mentes.

18
Un tesoro

Pastel de calabacín.
Le ha salido a mi señora
perfecto; pero deplora
mi señora que un pelín
ha estropeado el festín
una especia que destaca.
Declaro desde mi hamaca
que un tesoro de pastel.
Queda la mitad de él,
mañana menda le ataca.

19
A votar

Voy a votar al PP;
mas lo haría con más gana
si fuera la Cayetana
la que el Gobierno les dé.
De este Feijó yo no sé
si le echará dos cojones
al Gobierno o dos calzones.
Mejor que Abascal se siente
como Vicepresidente.
Hasta nuevas Elecciones.

20
Casa y calle

En la casa o en la calle.
En la casa como, leo,
oigo música, me aseo
y disfruto de este valle
de paz; pero luego halle
mi buena ración de viento.
Es un plato suculento
deambular entre la gente,
ver a cada cual pendiente
de su propio pensamiento.

21
Al artista

Al artista aunque nunca saque pasta
de su labor perfecta, luminosa.
Al artista que nunca dice basta,
no valgo, no ilumino, no hago cosa
que merezca atención y sólo un plasta
soy en la sociedad esplendorosa.
Al artista que pule, lima, crea
sin pararse a pensar en quien lo vea.

21
Hormiguero

El humano se amontona
en las enormes ciudades;
huye de las vastedades
que percibe como zona
en la que nada lo abona.
La gran ciudad, hormiguero
en el que el más corto obrero
puede sacar su jornal.
Hasta que llega un fatal
destructor salvaje y fiero.

22
Los días no dan

Por qué los días no dan
tanto tiempo como daban.
Por qué las noches no acaban
con aquel repique tan
resuelto. Los días van
oscureciendo sus horas;
y en tus pasos te demoras
porque te embarga tu peso.
Eres un herido ileso,
eres el verbo que lloras.

23
Votaciones

La autovía estaba llena:
vacaciones, votaciones
y afán de ser mirmidones
que están rescatando a Helena.
Toda causa es causa buena
para meterse en la ruta,
para abandonar la gruta
de la vida cotidiana;
a la que habrá que ir mañana,
gesto serio, braga enjuta.

24
Mi nieta

Me curiosea la cara
con su rolliza manita;
luego se vuelve e imita
con su gorjeo la clara
voz con la que me cantara
la divina golondrina.
Es la dulce medicina
para mis quejas de viejo;
con ella en brazos me dejo
atrás la pena mohína.

25
Ventilador

El ventilador nos da
respiración asistida.
El ventilador nos cuida
en el calor. Ojalá
la templanza llegue ya
y languidezca el verano.
Mientras tanto, que la mano
del ventilador nos dé
serenidad, paz y fe
en soplo dulce y cercano.

26
Ese mar

Es para considerar
lo que el Estado se gasta
en pensiones: una pasta.
Pero habrá que descontar
todo lo que de ese mar
de dinero vuelve al fisco;
porque el fisco es el aprisco
de la mansa billetada,
mientras tú no tienes nada
más que una cabra en un risco.

27
Naturales

El buen aprovechamiento
de recursos naturales.
Hola, higuera, cuánto vales
para mi mantenimiento.
Hola, tomate y pimiento,
diarcas de mi ensalada.
Hola, agua, controlada
para no perder ni gota.
Hola, vid, llena la bota
que alivia nuestra jornada.

30
Pelos y uñas

Pelos y uñas, rapados;
de nuestro estado salvaje
son residuo y son peaje.
Una vez atravesados
los campos encenagados
hasta la civilidad,
nos viste la urbanidad,
el aseo y el decoro;
y nos auxilia el tesoro
de la instrumentalidad.

31
Tecnología

La historia de los avances
tecnológicos: es esa
la historia que me interesa;
mas no la de los percances
políticos: esos lances
son lucha por el poder
con el que satisfacer
a una escueta camarilla.
La tecnología brilla
y es un nuevo amanecer.

Sánchez, el gran táctico

Ricardo Dudda, El Mundo, martes 01-08-23

El poder no se explica, el poder se ejerce. Y el poder se ejerce, especialmente en esta democracia de audiencia o posdemocracia liberal, actuando como si se tuviera más del que realmente se tiene. Esta ha sido la filosofía política de Pedro Sánchez desde que llegó al poder en junio de 2018: la debilidad parlamentaria se compensaría con la fuerza de voluntad, el poder ejecutivo, la ética de la excepcionalidad. En otoño de 2018, solo cinco meses después de la investidura de Sánchez tras la moción de censura contra Rajoy, la por entonces portavoz del PSOE en el Congreso, Adriana Lastra, definió esa filosofía en una frase: «Tenemos 84 diputados que valen por 176». El Gobierno era muy débil, dependía de unas mayorías muy inestables y necesitaba más del doble de sus diputados para aprobar cualquier iniciativa en el Congreso. Por eso debía ejercer un poder que realmente no tenía.

Una buena manera de escenificar ese poder es usar la figura del decreto ley, que según la Constitución solo debería usarse en casos de «extraordinaria y urgente necesidad». Pedro Sánchez ha sido el presidente que más ha abusado de los decretos ley. Los ha usado como propaganda y para asuntos sin apenas urgencia (más allá de la «urgencia moral» que ha defendido siempre este Gobierno, que ha convertido la reforma más banal y gris en una cuestión existencial); los ha usado con las Cámaras cerradas tras unas elecciones y gobernando en funciones. A finales de junio de este año, a un mes de las elecciones generales, aprobó un decretazo de 224 páginas con decenas de medidas. Como explica Eva Belmonte en Civio: «Además de trasponer varias directivas y adaptar algunas leyes al derecho europeo, aprueba medidas anunciadas por el Gobierno pero que no llegaron a ver la luz en forma de ley por el fin de la legislatura, como nuevos permisos por cuidados y el derecho al olvido oncológico. Además, prorroga medidas anticrisis como el tope al precio del butano, las ayudas al transporte, al sector pesquero y a la agricultura, así como el 50% de descuento a los abonos transporte y la rebaja del IVA». Para el profesor de Derecho constitucional de la Universidad de Murcia Germán M. Teruel, se trataba de «un decreto ómnibus de dudosa constitucionalidad, que es el paradigma de aquello en lo que se ha convertido esta forma acelerada y patológica de legislar». Pero la urgencia la determina el Gobierno, y para Pedro Sánchez lo más «urgente» es siempre seguir gobernando.

El decreto ley transmite una imagen de presidente resolutivo, que aprueba leyes, que cambia el país. Da igual si luego esas leyes no se aprueban 30 días después en el Congreso, porque para este Gobierno las leyes son sobre todo herramientas de propaganda: de ahí los preámbulos y las exposiciones de motivos convertidos en tratados políticos llenos de brindis al sol y denuncias a la oposición (recordemos esta frase en un BOE en el que se reformaba el Código Penal: «Con la crisis como oportunidad, desde la llegada al Gobierno del Partido Popular en diciembre de 2011, se inició un proceso constante y sistemático de desmantelamiento de las libertades»).

Esta degradación institucional, que muchos analistas supuestamente reformistas criticaban hace años, ahora es solo la preocupación de cuatro gatos (porque debemos reconocer que el antisanchismo más movilizado no está construido alrededor de la defensa del liberalismo y los contrapesos y las instituciones, sino alrededor de «Que te vote Txapote», el Falcon y demás memes). Nuestra tradición política es el turnismo, y el turnismo significa sobre todo que cuando cambia el Gobierno, el Gobierno puede cambiarlo todo: tiene manga ancha, puede montar y desmontar, gobernar sin cortapisas. «Ahora nos toca a nosotros», winner takes it all, es la lógica del turnismo. Es una concepción patrimonialista de la política que no parece que vaya a cambiar en el futuro próximo: muchos defienden que en el postsanchismo habrá que usar las mismas reglas del sanchismo para poder sobrevivir. Es una perspectiva profundamente deprimente.

Esta lógica turnista también va en contra de cómo está planteado nuestro sistema parlamentario: una victoria en unas elecciones no es una carta blanca. Tenemos una democracia parlamentaria multipartidista pero nuestra visión de la política es presidencialista, y lo seguirá siendo cada vez más en una época de cesarismos e hiperliderazgos. Por eso Feijóo insiste en que gobierne la lista más votada. No es porque no sepa que las cosas no funcionan así, que no hay ninguna regla que diga que el candidato más votado tiene que ser investido. Es porque sabe que la ciudadanía piensa así, le suena de sentido común que quien ha ganado las elecciones es quien debe gobernar.

Por eso también es imposible un pacto entre el PP y el PSOE. Sería acabar de una vez por todas con el turnismo, que no es solo una tradición política sino una metafísica nacional. ¿Cómo que ahora les toca a los dos?Imposible. No pueden ganar los dos. Es cierto que ese tipo de pactos entre opuestos son relativamente comunes en ayuntamientos, pero la política local es muy diferente a la nacional, donde la batalla es más existencial.

Sánchez se mueve bien en la excepcionalidad, el límite y la interinidad. Por eso está contento con el resultado del 23-J, aunque solo haya ganado un diputado con respecto a 2019 y a pesar de que sus apoyos parlamentarios vayan a ser aún más complicados: Junts es quizá el partido más esquizofrénico y delirante del Congreso de los Diputados. Pero eso a Sánchez le da igual. Sigue siendo presidente, y no importa cómo. De nuevo, lo importante es proyectar una imagen de ganador, actuar como si cualquier otra posibilidad fuera ontológicamente inconcebible. Es una táctica típica de Sánchez, que siempre ha mirado a la oposición con estupefacción: «¿Todavía seguís ahí? Qué pesados, dejadme gobernar en paz».

Sánchez es un presidente ideal para la posdemocracia liberal, en la que lo importante es la escenificación del poder, en la que la rendición de cuentas es una quimera y el entretenimiento es más relevante que la gestión. El politólogo polaco Jan Zielonka, autor de The Lost Future: And How to Reclaim iI(El futuro perdido: y cómo recuperarlo), dice que la política contemporánea «es un estado permanente de emergencia en el que el Ejecutivo toma decisiones con prisa sin contar con el público y sin que exista tiempo para la reflexión. La rama ejecutiva gana poder y se autojustifica alegando que está resolviendo crisis constantemente, y los contrapesos de los parlamentos y los tribunales son solo obstáculos frente a la recuperación». Es el mundo en el que mejor se mueve Pedro Sánchez.

El periodista Janan Ganesh dice que la política contemporánea es una lucha cada vez más cruenta por cada vez menos. Es un entretenimiento con ínfulas: una serie adictiva e interactiva. Te enganchas pero también participas y además puedes decir que te va la vida en ello, que si no ganan los nuestros el mundo se acabará. El contenido de esta semana en la nueva temporada de la serie es en formato epistolar: el presidente y el líder de la oposición han hecho un despliegue de plumas a través de cartas para defender exactamente lo que ya todos los ciudadanos conocíamos. No solo es una manera anticuada y ridícula. Es también otro ejemplo más de la política como un bucle autorreferencial, retórica que no podría sobrevivir en el mundo real y que siempre vuelve hacia sí misma. Feijóo le ha dicho a Sánchez: «Reitero aquí mi propuesta de reunirnos con el propósito de establecer un diálogo responsable». Y Sánchez le ha respondido: «Agradezco la oportunidad que me brinda su carta para retomar la comunicación entre nuestras fuerzas políticas», para luego decirle que solo hablará con él cuando el Rey lo nombre candidato. Y con eso nos entretenemos. Y en este interregno de escenificacionesdesplanteszascassobreactuaciones, es donde mejor se mueve Sánchez, nuestro gran presidente táctico.

Ricardo Dudda es periodista. En septiembre publica Mi padre alemán (Libros del Asteroide).