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Febrero


1
Putin

La locura de Putin ha llenado
el planeta de horror y de miseria.
Cierto que hay más putines en la feria
que ovejas en las ferias de ganado;
Mas Putin es el putin principal.
Cuanto antes cortémosle el resuello
y sea él mismo quien se corte el cuello.
Líbrese el mundo ya de fiera tal.

2
Vuela, boli

Miro por la ventana y veo un cielo
tan azul que da ganas de volar.
Pero sé que es mejor que en este suelo
en que se ubica nuestro humilde hogar
permanezca sentado; porque el vuelo
que puedo permitirme está en el mar
del blanco folio en el que el boli vuela.
Vuela, boli, tu vuelo me consuela.

3
Ciprés

Ciprés, tú nunca lamentas
que este patio sea estrecho.
Subes derecho, derecho.
Aunque terrestre, te cuentas
por encima de tormentas
que asuelan a los humanos.
Dialogas con tus hermanos,
los ángeles y las aves.
Subes, subes porque sabes
de los cielos soberanos.

4
No te quejes

Tú no me seas quejica,
adáptate a lo que tienes.
Y si no tienes más bienes,
cuánta gente menos rica,
¡piensa!, vive y se dedica
a sobrevivir no más.
Tú considera que las
lamentaciones son feas.
Procura que no te veas
empeorado en un pispás.

5
Esos mayores

Cómo admiro a esos mayores
que pasan de los ochenta
cuando su labor ostenta
el mejor de los vigores.
Porque a los más los dolores
les devoran la energía;
y se pasan todo el día
en cuidados paliativos.
Ellos están medio vivos,
medio muertos de acedía.

6
Mirlo

Con las divinas canciones
del divino Brahms compites.
Siempre aceptas los envites
a tus improvisaciones.
Tú cantas, tú no compones,
pero te llevas la palma.
Tú música nos ensalma
dislocamientos y heridas.
Con tus cantares nos cuidas
cuerpo, mente, voz y alma.

7
Lluvia parca

Hoy tenemos lluvia mansa:
unos chubascos tan parcos
que dudo que formen charcos.
Llueve un poco y ya se cansa;
para otra vez y descansa
del trabajo de caer.
Cumple, lluvia, tu deber
de hacer que rían los ríos,
de dar a los sembradíos
la fuerza de renacer.

8
La verdad

Ciencia, experiencia, evidencia
son de la verdad las fuentes.
La verdad de los creyentes
sólo es la efervescencia,
la vistosa florescencia
de humana imaginación.
Atenidos a razón,
ya controlados los miedos,
con la verdad en los dedos
vamos en evolución.

9
Nota

La gata no quiere arena
para sus necesidades;
prefiere las suavidades
de la tierra blanda y buena.
Mas pasa que es una pena
que nuestra mata de cinta
de morirse tiene pinta
por un exceso de abono.
No lo digo con encono,
sólo doy nota sucinta.

13
La vejez

Las lumbares, el levante
la soriasis, la vejez.
Nos aprieta la estrechez
mas seguimos adelante.
Mientras nuestro cuerpo aguante.
Después seremos un vivo
apartado en un archivo
de los que su amor nos dieron;
y en nuestra alma tuvieron
agua, trigo, vid, olivo.

14
Ágapes no

Totalmente renuente
 a los ágapes de amigos.
No quiero tantos testigos
de mis males del presente.
Mejor que yo los lamente
donde a nadie causen pena.
Vivir mucho nos condena
 a la gravosa vejez.
Ágapes no: sencillez
en la recoleta cena.

14
El levante

Si te mudas a Algeciras,
amigo, tu cuerpo aguante
temporales de levante.
En Algeciras suspiras
cuando el gris celaje miras,
los árboles requemados
por el viento deshojados
y la ausencia del azul.
El levante pone un tul
de un gris que no admite grados.

15
Arrayán

He podado el arrayán.
Las seis matas que planté
aquel día en que llegué
a los sesenta. Era tan
vigoroso, era tan gran
jardinero todavía…
Recuerdo el calor que hacía
aquel día del verano.
Hoy ha podado un anciano
con paupérrima energía.

16
Ni carnaval ni cuaresma

Ni me afecta el carnaval
ni la cuaresma me afecta.
Tiene eso la provecta
edad: que la catedral
y el jolgorio son igual
de indeseable movida.
Llevar ordinaria vida
es lo que ahora requiero;
y regirme por el fuero
de cuidar de quien me cuida.

16
Dos querencias

Dos querencias principales:
el pueblo donde nací
y la ciudad donde fui
de los maestrillos leales
que sembraron ideales
en los jóvenes atentos.
Uno de estos dos asientos
me acoja cuando me acabe
(por ahora nada grave
me aboca a tales momentos).

17
San Valentín con retraso

–Ya canta el gallo.
–Amor mío, cabalga;
soy tu caballo.
–Cuando amanezca
juntos habremos ido
por las estrellas.
–Solos tú y yo
galopando amorosos
de sol a sol.

17
Dido

No hay canto tan lastimero
como el lamento de Dido
cuando su amor ha perdido.
Eneas se ha ido y muero.
Cuánto daño el traicionero
amor causa a los humanos.
A la juventud de vanos
sueños y alegrías llena;
que se convierten en pena
cuando se va de sus manos.

18
Cine

Un forofo fui del cine
desde mis primeros dientes.
El cine está entre las fuentes
que han hecho que no decline
mi entusiasmo y no se arruine
mi amor por la obra bella.
Si esta décima destella
en la mente de un lector,
algo debe su fulgor
a la fílmica epopeya.

20
Si miramos

Si miramos para atrás
un siglo es como un instante.
Si miramos adelante,
un trimestre, mas no más,
programamos; porque las
previsiones de futuro
no pasan de ser un puro
juego de mesa infantil:
–Febrero, ¿qué trae Abril?
–No sé nada, te lo juro.

20
La tapa de los sesos

Mi ejercicio diario más querido:
levantarme la tapa de los sesos.
Mis sesos padecieron un descuido
siendo yo adolescente. Si no ilesos,
tampoco fueron blanco ya abatido.
Pasó lo que pasó y aquí mis huesos
y yo seguimos dando la batalla.
Duerme el mundo, mi mente no se calla.

21
Dueño

Sé tú el dueño de tu vida,
no la hipoteques por nada.
Lo irrenunciable es que cada
hermano humano se mida
con su íntima medida.
Somos todos tan iguales…
Pero a la vez tanto vales
cuanto tú te consideres.
De tu prójimo no esperes
que valore tus caudales.

22
Ser un hombre

Te tienta la penitencia,
pues te educaron los curas;
pero prontamente abjuras
de la mágica solvencia.
Ser un hombre te sentencia
a un vivir defectuoso,
placentero y doloroso.
No te des golpes de pecho
y procura andar derecho
aun escaso de reposo.

23
Las cuatro y cuarto

Las cuatro y cuarto, la hora
en que escribo a mi lector.
Lector, hora del sopor;
es la hora en que aminora
tu actividad pensadora.
Lector, deja que tu mente
en los prados se apaciente
de la dulce libertad,
de la grata ociosidad
que te da el dolce far niente.

25
Presidente

Pues somos gente corriente
nuestras vidas están llenas
de domésticas faenas.
Ay, quién fuera presidente
con un derecho a sirviente.
Aunque, pensándolo bien,
mejor se lo pasa quien
ha de lavar la vajilla
que quien la usa y mancilla
sin gozar lo que le den.

26
El artista

El artista que vive de su arte
es alguien a quien premia la fortuna.
En los demás el arte sólo es parte
de su vivir aquí sin que ninguna
oscura nave se los lleve a Marte.
De aquí vivir, cantándole a la Luna
canciones que la Luna remunera
sin loas, sin cocina, sin chequera.

26
Nuestro tiempo

Nuestro tiempo avanza lento,
pero, como nunca para,
entregando la cuchara
te ves en cualquier momento.
Es que, ya sabes, memento
mori
. La que más lo sabe
te sigue a paso suave
hasta tu punto final.
Ella va a llevarte al
corral donde todo cabe.

26
No se sabe

La estupidez humana es mucho más
infinita que todo el universo.
Pero tampoco se nos queda atrás
la inteligencia: es nuestro reverso.
Tenemos cara y cruz, igual que las
monedas con escudo y rostro terso.
Hasta dónde irá el hombre no se sabe,
a bordo de esta Tierra que es su nave.

27
Locas

El mezclar risa con llanto
es lo frecuente entre humanos.
A veces vamos livianos
sin afrontar un quebranto;
y a veces lloramos tanto
que se estremecen las rocas.
Y en ocasiones no pocas
 mezclamos hilaridad
con dolor y enfermedad,
pues somos criaturas locas.

28
Tú eres tú

Oye menos la farfolla
que te reclama de fuera
y oye más la verdadera
voz que te manda tu olla.
No te ates a la argolla
de la vulgar opinión.
Los del vulgo, vulgo son.
Tú eres tú, con tu talento.
Vale más tu pensamiento
que del vulgo la legión.

28
Andalucía

Yo celebro cada día
que mi cuerpo muestra aguante:
Antonio sigue pa’lante.
Pero esto de Andalucía
Patria Amada, Patria Mía
ni me apena ni me alienta.
Si la tierra está sedienta
no la riega una bandera:
la inteligencia ingeniera
palía si no solventa.

Europeos

Hasta hace exactamente un año, el 24 de febrero, para mí, era el día de San Matías, santo del quien no sé nada; pero conocía desde siempre los versillos con que, en mi pueblo, pueblo de duros inviernos en la provincia de Granada, se celebraba su llegada:

En San Matías
igualan las noches con los días,
da el sol en las umbrías,
cantan las totovías
y marzo al quinto día.

El invierno dejaba de castigar con tanto ahínco por la intervención de este bendito santo.

El año pasado este día se convirtió en el malhadado día de la invasión de Ucrania por el ejército ruso, enviado allí por un déspota que mientras viva sólo merecerá la cárcel.

Confieso que de la Historia de Europa sé muy poco; pero uno, que ha tenido como principal afición en la vida la lectura (junto con el cine durante la juventud), leyó recientemente el magnífico libro Los Europeos, de Orlando Figes (historiador a lo grande, experto en Rusia); libro que va contando la historia del siglo XIX europeo a la vez que acompaña el vivir y desenvolverse de tres personalidades históricas de Europa: el francés Louis Viardot, la francesa de origen español Pauline Viardot-García y el ruso Iván Turguénev.

¿Por qué no estudian todos los alumnos europeos de secundaria, o media, una asignatura como esa, Historia de Europa?

Está claro que, cuando se desmoronó la Unión Soviética, las grandes democracias europeas, junto con Estados Unidos, debieron hacer más para que Rusia avanzara hacia un régimen democrático homologable con el de Francia o Alemania (unificada). Por el contrario, dejaron que se fuera empantanando en un régimen autoritario y corrupto, al mismo tiempo que, imprudentemente, se convertían en dependientes energéticos de Rusia.

Lo que se hizo mal ya está hecho. Ahora toca ayudar a Ucrania a ganar la guerra y convertirse en miembro de la Unión Europea. Pero Rusia también es un país europeo. Y lo será plenamente cuando expulse al tirano y se convierta en un país en el que las libertades individuales se respetan y los poderes nacionales salen de elecciones limpias. Ojalá muy pronto.

En la diferencia, hacia la igualdad

Aunque llevo muchos años ejerciendo de jubilado, creo que no he perdido el carácter de maestrillo de instituto, así que el tema que más en carne viva me afecta sigue siendo el tema de la educación.

Veinticinco cursos seguidos en el mismo instituto me permitieron ser testigo de cómo se degradaba el sistema de educación publica a partir de la implantación de la LOGSE. Donde había habido un ambiente de disciplina, exigencia y respetos mutuos, se iba imponiendo una convivencia asilvestrada que apenas permitía minutos aislados para la atención a los temas que la transmisión del conocimiento requiere.

Algunos grupos de los primeros cursos de la ESO me parecían similares en descontrol, ruido y pendencias al de la escuela unitaria que yo había vivido de niño, antes de que el cura párroco me rescatara (no a mí sólo) de ella para prepararme y mandarme al seminario.

Me he puesto a escribir estas líneas al venirme a la mente la columna de ayer en El Mundo de Lucía Méndez, “Babuinos de rango alto y de rango bajo”. El nudo temático de su texto es el escandaloso sueldo de Antonio Garamendi, presidente de la CEOE. No sé si esta columnista, y magnífica periodista sin duda, se escandaliza lo mismo ante la cifra que cobra un deportista de élite o un cirujano estético de esos que les arreglan los defectillos corporales a la gente de pasta.

La conclusión para la periodista: cuando se crió mi generación, parecía que el mundo de los pobres, “gracias a la educación pública que nos sirvió de trampolín” caminaba hacia la igualdad social; pero aquello fue un espejismo generacional; ahora el mundo vuelve a avanzar por los rumbos de siempre, los de la injusticia y la opresión de los ricos y poderosos sobre los pobres y menesterosos.

Yo no creo que la cosa sea tanto así. No digo que ahora mismo no haya mucha injusticia social; no digo que no sea para rabiar de indignación que un trabajador (o trabajadora) que cumple en su puesto sólo pueda obtener un sueldo de miseria (también eso lo viví en mi propia carne, de niño y de joven).

Siempre va a haber diferencias: de rendimiento en el puesto que ocupamos, y de retribución económica. “Sábete, Sancho, que no es un hombre más que otro si no hace más que otro”, dice don Quijote (I, 18). Luego según él, y seguramente también según Cervantes, hay diferencias en lo que valen unas personas y otras; y esas diferencias están en lo que hacen.

Ahora bien, si la generación de Lucía Méndez (que es casi la mía, casi, porque no fue igual criarse como niño pobre en los años sesenta que criarse en los años cincuenta) llegó a alcanzar la dignidad social y laboral gracias a una buena educación pública, cómo llevamos ya más de treinta años permitiendo que esa educación pública se degrade; no por falta de presupuesto o de personal cualificado, sino por la pérdida de los principios esenciales que deben regir en la institución: libertad, responsabilidad, exigencia, respeto y fraternidad.

Y, ya para terminar, una pregunta: ¿estamos relacionando adecuadamente la degradación del sistema educativo con el alarmante y escandaloso paro juvenil?