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Sexo en Madrid

El frío humor de Paquita no era el ingrediente más adecuado para despertar el ardor del inglés, al cual, por otra parte, no se le escapaba ni lo absurdo de la situación ni las consecuencias nefastas para todos que por fuerza había de tener aquella aventura. Pero estas reflexiones nada podían contra la presencia física de Paquita en el reducido espacio de la habitación, cuya atmósfera parecía haberse cargado de electricidad. Eso mismo debió de experimentar Velázquez por la mujer de don Gaspar Gómez de Haro, con grave peligro de su posición social, de su carrera artística y de su vida, pensó Anthony mientras abandonaba toda cordura y se precipitaba en los brazos de la adorable joven.

Media hora más tarde ella recogió el bolso del suelo, sacó una pitillera y un encendedor y prendió un cigarrillo.

-Nunca te había visto fumar –dijo Anthony.

-Sólo fumo en ocasiones especiales. ¿Te molesta?

En su voz había un leve titubeo en el que Anthony creyó advertir una sombra de ternura. Cuando hizo amago de abrazarla, ella rechazó su avance con suavidad.

-Acabo el cigarrillo y me voy –murmuró con la mirada perdida en las manchas del techo-.

EDUARDO MENDOZA

Mirlo en el coro

Sublime música

cuando el canto del mirlo

se une al coro.

 

Perfecto coro

cuando en la melodía

se cuela el mirlo.

 

Mágico mirlo,

tú que en el coro pones

notas divinas.

Cosas del insti

Día 2 de febrero, La Candelaria: examen de recuperación de la primera evaluación –primer trimestre- en primero de Bachillerato. La fecha la han elegido los alumnos que tienen que pasar el trance, ¡faltaría más!

Pillo a uno copiando; y le leo sus derechos: “Ya has terminado el examen. Has sacado un cero”.

Luego, cuando suena el timbre de salida y los compañeros entregan los folios, se me acerca el copiante en plan razonador: “Es que yo, ¡cómo voy a saberme todo eso, si yo acabo de llegar de pasar una semana en la nieve!”

Efectivamente, mi alumno A, que se llevó cinco cates a su casa en diciembre, se ha pasado la última semana de enero en Sierra Nevada, con profesores del instituto, en un ¿curso? de esquí  organizado por el instituto.

-¿Y los alumnos pagan íntegramente ese curso, no habrá ahí dinero de la Junta de Andalucía? –me pregunta alguien. La verdad: no tengo ni idea. Yo, que lo más lejos que los llevo es a la biblioteca, ignoro esos arcanos. Pero es cierto que estamos ubicados en la unión de dos barrios pobres, marginales y ahora redepauperados. Y pasar una semana en Sierra Nevada en plena temporada no debe de ser tan barato como comprarse un polo flash, o un juego de mapas mudos, o un ejemplar de La Celestina.

Comentando estos puntos, alguna compañera me cuenta que ha tenido bronca (con un compañero cargo o con una compañera carga) porque durante esa semana, en sus clases de primero de Bachillerato, ella no ha hecho parón y a esperar a los de la nieve, sino que ha seguido desarrollando sus clases normalmente, con los muchos alumnos que no estaban en la nieve sino en clase.

Yo… no quiero decir nada, ni opinar, ni ponerme a tiro. Por lo pronto, mañana nos visita la inspectora. Creo que se llama Angela Merkel. Esperaremos a ver qué dice ella.