Posted on 22 diciembre, 2007 by Antonio
Este año tampoco me va a tocar la Lotería de Navidad, que, prescindiendo de filosofías como ésa de que “la vida es una lotería”, es la única a la que juego. Y un año más no voy a sufrir por ello. Porque soy consciente de que continuamente recibo premios y regalos: cada vez que mi hija Hebe se choca contra mi barriga, o me da un abrazo… por ejemplo. Y regalos de los llamados propiamente “de Navidad”, ni te cuento:
-Mi esposa, la otra tarde: “Toma: tu regalo de navidad” (un libro recién editado de un autor que me gusta especialmente).
-El hombre del Círculo de Lectores, al día siguiente: “Tu libro para Navidad” (elegido por mí, de un autor vasco del que todavía no he leído ninguna obra).
-Antonio Muñoz Molina, en Babelia de El País: llega y me escribe un artículo (él no me conoce, pero eso da igual: me lo ha escrito) titulado “El libro ilimitado” que casi me hace llorar de emoción.
-Mis dos hijas mayores, dos guapísimas universitarias a las que, si todo sale como preveo, dentro de pocas horas les daré sendos abrazos y muchos besos.
Infinidad de regalos de Navidad he recibido estos últimos días, los cuales no detallo aquí por razones diversas (la principal: no me gusta ponerme pesado); y seguiré recibiendo si “las cosas” no se tuercen.
A cambio de tanto bueno como recibo, me gustaría dar siquiera algo; algo que, aunque no llegue a óptimo, merezca el calificativo de agradable.
Estimado visitante de Certe patet: pásalo bien en Navidad, aunque a ti tampoco te toque la lotería.
Filed under: Apuntes | Leave a comment »
Posted on 11 diciembre, 2007 by Antonio
Soy ateo desde los diecisiete años. Es decir, desde hace cuatro décadas. Es decir, desde unos cuantos meses después de abandonar el seminario. Por eso me resulta a mí mismo chocante que, después de tanto tiempo, siga recordando perfectamente letra y música de muchos himnos marianos que devotamente canté con mis compañeros muchas veces antes de las vacaciones de Semana Santa del 67, que fue cuando me aparté. La Salve gregoriana, por ejemplo, ese bello himno en el que Fernando de Rojas recogió las últimas palabras para su Tragicomedia. A veces añoro cantarlo una vez más, integrado en un coro de voces graves, ante una imagen de la Virgen esculpida en piedra en la Edad Media; una Virgen gótica, de rostro sencillo y risueño, toda vita, dulcedo, spes nostra.
Esperemos que Dios, a los que nos ha hecho ateos por su gracia, siga dándonos medios biológicos, intelectuales y morales suficientes para evitar el caer en la tentación de volver a ser creyentes.
Filed under: Apuntes | Leave a comment »
Posted on 6 diciembre, 2007 by Antonio
Esta mañana festiva, cuando yo llegaba en mi paseo a la cornisa de San García, salía el sol: emergía enorme, rojo y magnífico. Y la silente maravilla del sol naciente me ha hecho recordar el motivo de la fiesta de hoy: el nacimiento de la Constitución del 78. Yo nací también entonces, unos días más tarde; o, mejor dicho, volví a nacer. Tenía yo entonces 27 años y andaba bastante perdido. Me había abandonado un trabajo, yo había dejado otro… Me buscaba dentro de mi piel y no me encontraba; y veía ante mí un horizonte bastante oscuro. Estaba viviendo en Madrid, donde nació la Constitución. Y donde, algunos días después, tuve yo mi segundo nacimiento: una toma de conciencia freudiana, una caída del caballo sauliana, una revelación-revolución. Me encontré, me hice uno con mi destino. Hechos como éste propician que algunas personas hayamos tenido la sensación de estar viviendo nuestra pequeña historia personal en consonancia con la gran historia de nuestro país, lo cual no es mala cosa, ni tampoco extraña, puesto que todos formamos parte del todo.
También Certe patet llega a su primer cumpleaños. Como pueden ver ustedes, el día 10 de diciembre de 2006 lo inauguré editando un soneto que se titula como el blog.
El futuro de Certe patet, el de su casi anónimo autor y el de la Constitución Española de 1978 no los conoce nadie. Pero hoy los tres estamos vivos.
Y pensando en todo esto he llegado a la cima del monte, donde el sol, ya alto, me ha deslumbrado de pronto como los faros de un coche. Y he vuelto a mirar la Bahía, yacente en sus brumas, que sólo dejaban asomar la cumbre del monte Abila, al otro lado del Estrecho. Pero en tanto cielo como me rodeaba, Dios estaba azul.
Filed under: Apuntes | Leave a comment »