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Memoria

Imposible que exista la vida sin ella, y mucho más imposible que exista la vida humana. Casi todo es memoria: el ADN, el tarareo de una canción o la digestión de un almuerzo.

Somos, en un noventa por ciento al menos, memoria; y nos queda un diez por ciento, cuando mucho, para la innovación y la creatividad.

Cuando se han puesto de moda tendencias pedagógicas despectivas del factor memoria se ha hecho un gran daño a los niños (a la sociedad entera). Cuando los maestros no estimulen suficientemente la memoria de los niños, seguro que otros agentes menos sanos la estimularán.

Decía el catecismo (el que aprendimos de niños y todavía, sesenta años después, conservamos, aunque sea parcialmente, en la memoria) que las potencias del alma son tres: memoria, entendimiento y voluntad. Ahora no se suele hablar del alma, sino de la vida entera, cuerpo y alma hechos uno para avanzar hacia la plenitud.

Sería estúpido que, en estos tiempos en los que los poderes municipales promueven o crean talleres para el refuerzo de la memoria en los mayores, en los colegios se despreciara el ejercicio de la memoria que supone el aprendizaje de una definición, de un poema o canción, de las tablas de multiplicar o de la lista de presidentes del Gobierno que ha habido en España después de la dictadura de Franco.

No digo que no seamos, en alguna medida, lo que llevamos en el bolsillo; pero sobre todo somos lo que llevamos en la memoria: en la memoria biológica y en la memoria mental.

Microética

Si has empezado a leer estas líneas, doy por sentado que antes has leído la tribuna de El Mundo que enlacé aquí ayer, “Deterioro del Estado en España”. Si no la has leído, ve a ella; y después vuelve a estas líneas si te quedan ganas.

España ha mejorado enormemente, con respecto a lo anterior, en la etapa democrática, a partir de la vigencia de la Constitución del 78. Pero, con los medios disponibles, podría haber mejorado mucho más: en educación, en empleo, en cohesión nacional, en calidad democrática, en apertura al mundo exterior.

¿Qué ha fallado? Ha fallado la ética personal, lo que Antonio Muñoz Molina llamó la microética.

La moral del nacional-catolicismo era una moral viciada por el afán de dominio, tanto de los curas como de la dictadura, las obsesiones dogmáticas, los mitos nacionalistas, los prejuicios sociales y morales, la cerrazón a las culturas y modos de vida de otros países, la ignorancia generalizada.

Pero falló la implantación de una moral democrática, con derechos y deberes fundamentales claramente definidos y exigidos.

Desde el poder político se empezó a velar (cubrir con velo), demagógicamente, el tema de los deberes cívicos, para poner el foco únicamente en los derechos.

Así, en la familia, en la escuela, en la universidad, en la empresa pública o privada, se fue imponiendo una moral hedonista, según la cual lo importante es la felicidad, de cada uno y en cada momento, el carpe diem en el sentido más infantil e irresponsable.

Así creamos una sociedad no “del bienestar”, sino “del pasarlo bien”. Había que pasarlo bien en casa, , en el cole, en el instituto, en el trabajo y, cómo no, en la fiesta.

Así llegamos a tener una generación de jóvenes que, después de una docena de años de escolarización, apenas sabían leer y escribir en el propio idioma, y menos aún, lógicamente, en un idioma extranjero (con muchas y honrosas excepciones, claro que sí).

Así llegamos a tener un preocupante absentismo laboral a la vez que un alarmante desempleo y una obscena voracidad empresarial.

Así llegamos a tener unos partidos políticos convertidos en agencias de colocación para sus militantes.

Así llegamos a carecer de una cohesión nacional, cultural, idiomática, europea… Porque Europa estaba bien mientras era una vaca que ordeñar, no una vaca a la que había que cuidar y alimentar.

Volvamos a la base: a una moral ciudadana que nos tomemos en serio, aunque ello, en un principio al menos, nos suponga vivir una vida mucho menos acomodada.

Deterioro del Estado en España

http://www.elmundo.es/opinion/2019/01/10/5c35e2a221efa0196a8b4646.html