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Jubilada a los diecisiete años

A punto de cumplirlos, si queremos ser exactos: los cumplirá dentro de dos semanas, el día 22 concretamente.

Ahora bien, tampoco podemos extrañarnos mucho de su temprana jubilación si tenemos en cuenta que comenzó a trabajar al día siguiente de nacer.

Durante todos esos años ha estado yendo conmigo al instituto cada día laboral; llena de silenciosa energía, de prudente sabiduría, de firmes esperanzas.

Durante diecisiete años ha cumplido con dignidad y eficiencia su cometido. Y ahora, al acabar el curso 2010-2011, me ha pide que la jubile, me dice que ya no está en condiciones de continuar en la vida laboral activa.

Así que hoy, día que podemos considerar el primero del curso escolar 2011-2012, pues los profesores nos vamos a reunir en el primer claustro del año escolar, un claustro que podríamos llamar propedéutico, hoy sin más dilación, la he metido en una bolsa de la basura para llevarla al contenedor. Y ello me ha provocado un severo ataque de melancolía.

Mi cartera, mi querida cartera de profe de Lengua.

Olivo, no ciprés

Me precipito y alzo cual funesto ciprés,

me hundo y subo a la vez,

un potro vertical es mi tormento.

No prospera mi intento

de lograr lo confuso de lo vivo,

los quiebros y torsiones y frutos del olivo.

Llega septiembre y llueve

Puntual. Llueve en la tarde del uno: un buen baldeo. Y llueve en la mañana del dos: otro buen baldeo.

Y Nuria comenta que qué bien que llueva, que la lluvia se lleve la suciedad de la ciudad, que hay que ver cómo está de sucia esta ciudad.

Efectivamente, Nuria. Sucia que ya no cabía más mugre. Lo malo es que esta lluvia va a limpiar algo esta ciudad, pero no va a limpiar nada su bahía, que anda igual de sucia o mucho más.

En el pueblo donde me crié (ahora la RAE me pide por favor que le quite la tilde a esa –é. ¡Pues no se la quito; ni por favor ni por nada, no me da la gana!), en mi pueblo, teníamos algo que yo ahora llamaría el insulto totaliterario; porque era total y literario, y un poco sacrílego y maloliente. Para insultar sin paliativos no le decíamos a alguien “Eres una mierda”, sino “Eres una mierda más grande que la que cagó la Tomasa en la puerta de la iglesia; que echaron cuentas y construir una iglesia en otro sitio salía más barato que quitar la mierda”.

Y bien. Hay días que dan ganas de decir lo mismo de esta ciudad del sur y de su suciedad: más barato construir otra en otra parte que lavarla.